Presos del sistema

Hay ocasiones —por no decir las que más— en que los procedimientos judiciales en España no persiguen el fin último para el que fueron creados: hacer Justicia. Entonces nos hallamos únicamente ante una consecución de actos procesales que culmina en una sentencia que pone fin a la controversia. Fin procesal, quiero decir. Para el sistema ahí se acaba la posibilidad de quejarse por la vía formal. El expediente, con su cosa juzgada, queda archivado. En ese momento, ¿alguien piensa en la víctimas o en los perjudicados de un proceso? La respuesta, para los que nos dedicamos a este mundo, es bien sencilla: no. Ni en los juzgados ni sobre el papel, en las leyes que conforman nuestro Ordenamiento jurídico. El único avance más o menos integral (y que siempre será discutible) lo encontramos en materia de violencia de género, en la que, debido a la transversalidad de la afectación de la víctima, se hace más que necesario legislar un procedimiento que permita a los jueces estar en contacto con las administraciones públicas para garantizar la integridad física y psíquica de la mujer maltratada y establecer protocolos conjuntos de actuación que permitan una mayor efectividad, tanto en el sentido paliativo como preventivo del fenómeno.

Si ya nos cuesta entender este oxímoron a los que estamos en el mundillo, eso de la justicia injusta, ni me imagino a los que nunca han abierto un libro de leyes o no tienen nociones básicas de cómo funciona el sistema judicial de nuestro país. Es complicado entender como la Justicia, que camina un paso por detrás de la realidad social en la mayoría de ocasiones, no logra hallar una solución integral que dé respuesta global a los problemas de los ciudadanos. En muchas ocasiones, la falta de comunicación judicial lleva a callejones sin salida a procedimientos penales cuya resolución es clave para iniciar un procedimiento civil o mercantil y viceversa. Tampoco ayuda la falta de medios en Justicia y la lentitud de la tramitación de los procedimientos en los juzgados, a todas luces colapsados por la carencia de inversión pública.

Lo hemos visto en los últimos años con el drama de los desahucios y la pobreza energética como máximo exponente, o con los miles de autónomos que, bienaventurados ellos por emprender, han visto como un fracaso puntual en un negocio les ha arrastrado a la clandestinidad de por vida, cargando con una deuda que difícilmente podrán asumir.

Miles de personas se ven a diario expulsadas de nuestro sistema democrático, se ven presos del sistema, pues no pueden ni volver a él ni salir de él. Este hecho no hace más que fomentar la economía sumergida y la evasión de impuestos, como única alternativa para aliviar la presión fiscal por los más necesitados. Embargos con un salario mínimo tercermundista de 655 euros mensuales. ¿El legislador sabe lo que cuesta el alquiler de una vivienda? Me parece que no. Figuras demoníacas como los avales que han lanzado al umbral de la pobreza a familias que, con mucho esfuerzo, creyeron en el futuro de los hijos y apostaron por ellos. Ancianos lanzados de sus viviendas por el impago de la hipoteca de sus hijos o por avalar cuando no debían.

El sistema financiero ha entrado en una crisis de modelo, como en general toda la sociedad. El sistema judicial no escapa a las visicitudes de la sociedad actual y ha de hacer por cambiar, pues es la única forma en que el ciudadano podrá seguir confiando en él como un método para resolver conflictos; de lo contrario, presos del sistema.

One thought on “Presos del sistema

  1. Muy cierto y triste lo que comentas. Hay ocasiones en que muchas personas se ven atrapadas por las injusticias y volver al buen “camino” es un problema, pues es díficil luchar contra el sistema.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *