Mesteño

Una extraña sensación de vacío se apodera de mí. Me inquieta en las horas muertas, en los giros inesperados de almohada huyendo de mi propio calor. Trato de escapar cual caballo mesteño que cabalga atemorizado. Alejándose de la mordaza y de las palabras comedidas  que son la perdición de nuestra libertad de expresión.

Alguien gritó al viento que era una moda pasajera, pero algunos tienen claro que el eufemismo ha venido para alojarse a pensión completa.

Es la enfermedad de lo políticamente correcto, de un tuit acertado y vacío de contenido, de las masas de opinión sin argumento ni preocupación. Navegamos en ese mar de información sin mucho criterio, señalando con el dedo acusador sin apenas indicios y deslegitimando aquello que nos indiquen. Y al otro lado del tablero entra en juego el victimismo fácil, las lágrimas de cocodrilo por quien no conocemos. ¿Estás perdido o incompleto?

No sé que me extraña en el país de la polarización, donde si no eres del Barça eres del Madrid, donde si no eres independentista eres facha y donde si no eres negro, eres blanco. Ni hay término medio ni se le busca. O la complacencia o la ofensa, y así estamos. Optamos por ofendernos y amargarnos, por hacer nuestras batallas que no nos ha tocado librar y convertirnos en seres un poco peores. La deriva ha llegado para instalarse en el vacío de la libertad […]

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