Homo homini lupus est

Hay una locución en latín, Homo homini lupus est, que fue popularizada por el filósofo inglés Thomas Hobbes y que viene a ubicar el egoísmo en la esencia del comportamiento del ser humano. Si el hombre es un lobo para el hombre, asusta pensar cuánto sufrimiento es capaz de generar el ser humano y cuánto de ese sufrimiento se ha amparado en el consenso social —o bajo el yugo del silencio del conformista—.

A lo largo de la historia se han sucedido multitud de regímenes donde las virtudes y los defectos han ido transformándose con el paso del tiempo; progresando, en algunos casos y retrocediendo, en la mayoría de ellos. Los valores se han interpretado bajo la batuta del poderoso de turno con un triste denominador común: el sufrimiento. El sufrimiento ha sido el gran protagonista de nuestra triste historia, esa que debe recordarnos hacia adónde no debemos regresar. Como bien dijo Jacinto Benavente, una cosa es continuar la historia y otra repetirla. A nosotros nos encanta repetirla: tropezar cuatro, cinco y hasta seis veces con la misma piedra. Es la misma tragicomedia pero con otras máscaras, eso que ahora se llama partido político.

Uno de los indicios más claros de que el sufrimiento es el eje vertebrador de nuestros días son las efemérides. La mayoría de celebraciones centran su objeto en recordar batallas, matanzas, conquistas —solían violar y asesinar a los nativos— y una retahíla de eventos en los que la muerte siempre está presente. Y no, no una muerte limpia e indolora: cuánto más significada, cruel y ejemplar mejor. Por suerte aquellos tiempos en los que morir era toda una declaración de intenciones van quedando atrás, mejor aprovechar la vida para ejecutar esas intenciones y producir algún cambio. Quizás esa será la doble cara de la palabra honor…

Otro claro ejemplo de sufrimiento es la violencia de género; el machismo podrido instaurado en nuestras instituciones, desde el matrimonio hasta la iglesia, de mayores a adultos, de hombre a mujer. Son muchas las acepciones con las que el machismo se manifiesta en nuestro entorno, desde imperceptibles comentarios inocentes que no tienen nada de inocencia, hasta el bofetón de la cruda realidad, que no siempre es tan literal como aquí se expresa.

Parece una ecuación difícil de resolver, pero despejar la incógnita es muy sencillo: la constante a través de la historia es el sufrimiento.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes. —Miguel Hernández

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