¿Cómo Desaparecer Completamente?

El aniversario es una fecha muy señalada en la cultura occidental que personalmente no comparto. En un aniversario se celebra la duración en el tiempo de un proyecto iniciado con anterioridad. Pero, ¿celebrar que uno sigue vivo un año más? Bueno quizá sí, quizá tenga mucha lógica festejar precisamente eso.
En este blog que ya lleva abierto unos años, probablemente esta sea la segunda entrada introspectiva junto a la de "Mis Amigos". Un análisis asequible para aquellos que jamás podrán entender lo que interiormente significa este proyecto. Son muchas palabras ya reunidas; 159 textos. Unos más tontos que otros y algunos muy lúcidos, pero con un denominador común: todos denotan un estado de ánimo que en algún momento he vivido. El 31 de enero varios entes crecen simbólicamente. Y resulta que la historia de mi vida no es nada triste, en parte algo vacía; rellenada por emotividad. Siempre me he considerado usufructuario de una inteligencia emocional que me ha ayudado mucho a la hora de aprender. Aprender de todos y cada uno de los que me envuelven. Resulta que uno no sabe cuando ha madurado, ni tan siquiera qué es madurar, pero uno sabe cuando enfoca la manera de percibir lo más profundo del corazón de las personas.
De infancia fácil, corríamos por los patios de la escuela inventando mil juegos y miles de amigos y un cambio radical, la primera decepción, no tan amigos, el instituto. Uno cree que crece al llegar a ese edificio de dos plants con el lema cartasiano "Pienso, luego existo". No, ¡qué va!
Es en la adolescencia cuando empiezan los problemas relativos. Perdí temporalmente a alguien: corrí a pegar en el techo de la habitación estrellitas luminosas de esas que con la luz brillan un ratito. Luego creaba un universo paralelo, el de las palabras. Leer y escribir, transportado a mundos increíblemente bellos y al menos indicio  de miedo o de pavor frente al destino, en cerrarlo, desaparecía. A partir de ahí conocí a una persona que me hizo cambiar el modo de ver las cosas, cambiar en parte mi actitud para adaptarme a algo no delimitado. Un gran carácter y personalidad, un gran corazón. Me absorbió demasiado tiempo. "El socio de mi socio, no es mi socio". No es negativo todo lo vivido; al contrario. Muy en el fondo fluye una química invisible que está a punto de extinguirse. Pues cuando es uno que siempre persigue las primeras palabras, acaba pronunciando también las últimas. Cuando alguien calla, se abstiene y, colateralmente sigue activo, ¿hay algo menos verdadero que eso? No es la burla lo que me lleva a escribir esto, ni la rabia, ni la desilusión ya evidente desde el primer momento. Ya mi madre me enseñó a no ser iluso, pero sí a tener ilusión que se previene de males. A veces las amistades giran entorno a gestos, a actos. A veces tiene uno la culpa, es evidente, pero en ocasiones, reconocer los errores pasa por hundir el orgullo, por continuar persiguiendo una relación que terminó. Pero es el afán de superación el que me condujo a abrir los ojos a no atarme a un grupo de personas y a sublevarme internamente para empezar a ser algo egoísta y pasarlo bien a mi manera. Y es en la cuerda floja cuando el hombre de negro descubrió quiénes eran realmente las personas que le apreciaban. ¿Me estaré equivocando? Lamentablemente sé que sí, lamentablemente se están debilitando relaciones que uno pagaría por no perder. Pero es complicado cuando el entorno se embute en una burbuja de amor fraternal sin intención de mostrar nada de simpatía. ¿Qué es el bien, qué es el mal? Y qué son los grupos cerrados sin un pseudo líder. Alguien capaz de hacer pensar por los demás. Un substituto cerebral a que recurrir en caso de la menor duda. Sencillo, ¿verdad? Y si el filtro de la madurez afectiva se basase en eso? Yo no lo sé, soy demasiado joven para opinar en cuestiones de la vida. Sólo sé que lo estoy haciendo mal, lo hago mal intencionadamente porque quiero probar nuevos caminos, con la certeza de que si erro, la cuerda floja ya se habrá roto en mil pedazos y será imposible volverla a encerrar. Esa ya no era la línea de mi vida.
Son 19 años, memorias vacías y grandes recuerdos y momentos. ¿Qué me queda por vivir? ¿Cómo desaparecer completamente? No es necesario huir de nuestros errores. De ellos se aprende, ¿verdad Colometa? Ellos te hacen fuerte. Es la alegría de vivir. ¡Felicidades a todos!
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Solipcismo

Es una de aquellas canciones que evocan a lo más profundo del submundo de los sueños, de aquello que no realizamos por miedo o imposibilidad autoimpuesta, aquello que, ¡oh! ¡qué sencillo se ve en la infancia! Volaremos a la luna, juntos. Te amaré toda la vida, dulce muchacha. Le llaman superman y anda por las paredes, de flor en flor y de ventana en ventana buscando algo útil. Y ya no me muestras el camino, triste amor. No sé adónde ir, remuevo perdido las sábanas para encontrarte. Hace tan poquito que estabas allí y ya te has marchado como la cultura de la televisión. Ya no me enseñas a ser feliz. Ya no me ayudas a quererme, me traes la desventura con cada palabra, la inmersión con cada mirada y el estancamiento del entusiasmo con cada abrazo. Y mi fetiche, los besos en el cuello. ¡Cómo aciertas! Lentamente.
¡Rápido! Con pasión, con ternura, me recuerdas que soy el motivo por el que te despiertas y que cuando duermes y que en tus poesías aparezco. Soy la musa de aquellos sabios enloquecidos por el tormento de la amargura. No soy la respuesta a tu pregunta, porque la pregunta está mal formulada. No sabes preguntar, olvidaste quererme como pactamos tácitamente y disfrazas de amistad algo que supuestamente fue algo más. Eres cobarde y temeroso, miedo en los dientes, miedo en los ojos. No hablas, no miras; solipcismo.
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Slow Motion

Slow Motion, Supertramp, cámara lenta. Cena para dos con velas. Miradas cómplices de mesa a mantel y huéspedes con cortesía. Cámara lenta. Se marchan. Tú. Yo. El calor de las velas hipnotiza el fulminante deseo de fundirse. Porque todo va muy rápido. Ya no creo en Dios, creo en ti, pero no eres mi religión. A cámara lenta, dos veces, el disfrute crece. Paseamos por Roma hasta el atardecer y seguimos paseando hasta el amanecer. Una semana circular, secular, por la costa italiana. Tan lejos como puedo ver el futuro es incierto, ¿siempre lo es? ¿Uno sabe realmente como irán las cosas al pie de la letra? El currículum vitae de mi destino ya me ha dejado claro algo: no te fíes de nadie ni de nada. Cualquiera es susceptible de vivir el desengaño espiritual de algo que creía firme. Y Helen seguía viviendo su Slow Motion, tumbada en su cama de matrimonio; toda para ella sola. Un 2x2 que le obligaba a retorcerse de mil maneras por la noche, a buscarse y no encontrarse la psique. Y fue a París, vaya si fue a París... ¡En los '80! Eran los años rosa, de vivir sin preocupaciones serias, de sexo sin preservativo y de Funk arrastrado de los '70 para acabar borrachos en el paseo de la playa más cercana. ¿Que bonito...?
Mamá ya ultima los preparativos del pequeño cuarto oscuro. Aquella noche habría una fiesta de disfraces. Una gran orgía de sensaciones, de miedo, de sorpresa, de ilusión. Todos los muchachos del pueblo convirtiéronse en adolescentes atormentados por la desdicha de tener escudo y bandera: la falsedad. Slow Motion. La canción termina como empezó, a cámara lenta.
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Fascio

Atención. Todos firmes. Queridos soldados, ciudadanos quería decir, pónganse en fila y griten en alto: ¡Viva Italia!
...
¡Viva Italia!
Libertad, sin órden ni disciplina significa disolución y catástrofe. Tenemos bandera, tenemos control y autoridad y esponjas que empapar de capitalismo desenfrenado. Vosotros a trabajar, que Adolf y yo nos correremos unas juegas memorables. Vosotros gritad sin control por algo en lo que creéis como vuestro, por vuestros intereses, que en realidad, tácitamente, son los nuestros. Vosotros seguid creyendo que mandáis en el pueblo y seréis la carne de cañón del mañana.
En nuestro régimen autoritario no caben ni los mariquitas, ni los imbéciles, ni los viejos y tampoco los eufemismos. Aquí las cosas a la cara. Lo hacemos mal, sí, pero lo hacemos en público. Porque... ¿De qué va a esconderse un sensacionalista? ¿Para qué huir de la eterna verdad, la ignorancia? La ignorancia nos hará fuertes, unirá a las clases más desfavorecidas culturalmente y a las más interesadas económicamente. Todos nos queremos mucho. Además, con mi amigo Adolf, la Europa de entre guerras será una utopía que recordarán los bachilleres del mañana. Nos erigiremos como las potencias del eje. Potencias caracterizadas por un fuerte liberalismo económico, por un simbolismo y una identidad cultural que chocará con los puebluchos de la vieja Europa. Nosotros somos modernos. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado. La pena es que mi amigo Adolf tiene problemas con la distinción de los colores. Un daltonismo alejado de Lucky Luk: ve pitufos. O ve negros, pero le cuesta. Ein Volk, ein Reich, ein Führer! ¡Ven! a él le interesa montarse un imperio de los grandes, reclamando lo suyo para su raza. Pues claro. ¡Como si no descendiésemos del hombre negro centroafricano! Ya le dije yo que en la escuela austro-húngara en la que le enseñaron lo poco que aprendió, no le impartieron correctamente la antropología. Pues bien, él solucionó finalmente sus problemas (para desquicio de todos) y resulta que hizo un nosequé de los gordos por allá por Alemania o el Reich como él lo llamaba que resulta que mató a mucha gente -él creía que tenía una zoológico- o algo así.
Hasta que llegaron los buenos, ¡por fin! Libraron a Europa de nuestro tormento. Porque el capitalismo es un sistema bueno. Lo comentaba el otro día con la señora que me vende los pañuelos cada vez que el semáforo de la calle Sappore me obliga a frenar al pobre Audi. Pues ellos llegaron con sus banderas de paz (muy bonita por cierto, la de las estrellitas) a salvarnos a todos. Luego resultó que los jodidos o judías, esos a los que mi amigo llamaba animales habían visto desde aquellos campos donde trabajaban que, días antes de la liberación, ya sobrevolaban los aviones americanos por allí.
Yo lo entiendo. La comunicación va lenta y pobres americanos, no sabían que los jodíos estaban encerrados en zoológicos totalitaristas. No sabían que más de 6.000.000 millones de personas, subrayo, personas, habían sido exterminadas en campos de trabajo deshumanizantes. Evidentemente, ¿cómo el servicio de inteligencia militar más avanzado del mundo iba a saber eso? ¿No concordaba con sus intereses anteriores a 1945? ¿La avaricia final de Hitler sensibilizó a los multimillonarios estadounidenses de que algo había a hacer/mover? Ya eran demasiadas travesuras, la manta empezaba a ser estirada por todos lados, a dejar al descubierto una caja de pandora que sólo con los años y la ayuda de Dios, Dios sabe qué atrocidades se cometieron. Por una bandera, por una patria, por una creencia, por la ignorancia, por la incultura, por el miedo, por los instintos, por el Estado de Guerra, por vete tú a saber que invención de la sociología para describir el apoyo en la masa como autoconvencimiento de la omnipotencia y supremacía de un grupo de personas respecto a otro grupo de personas, iguales en derechos y obligaciones, desiguales en aplicación práctica. En Italia, la religión no ayudó mucho. El Vaticano giraba la cara y seguía con sus reuniones convencionalistas. Más y más apretones de manos del pontífice con los grandes jefes políticos. Touché.

Citando a Ismael Serrano habiendo citado éste a Don Miguel Hernández, conocido poeta y dramaturgo oriolano del S. XX:
Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.
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Hotel California

Cariño, te espero en el Hotel California. Creo que vamos a ser románticos toda la noche y vamos a hilvanar las sábanas para despertarnos juntos. El problema... somos dos titiriteros del amor que desobedecen al "Master of Puppets" de Metallica y odiamos el grupo. Una mezcla de Bluegrass anuncia el desayuno en aquel motel folclórico. Te despiertas con lagañas, horrible y con la destellante comisura en los labios. El juego vuelve a empezar hasta la hora de comer. Tu maldita obsesión por hacer cosas. Ahora la señora quería aprender a tocar el Banjo y ya lo hablaba yo con Mr. Kentuky que el instrumento no era cosa de dos días, que era malo marearlo. Pero ni que estuviese poseído por la creatividad, no parecía cesar.
En aquellas que una muchacha me miró con descaro la entrepierna. Que uno tonto no es y devuelve la mirada. Fuimos cómplices por un minuto y, tras saciar el hambre de picardía, cada uno a lo suyo. Encima de mí, la responsabilidad era poco importante. Un despacho de autónomo -ahora- y la vida tranquila, relativamente solucionada. A mi antiguo jefe le encantaban los adverbios. Inmediatamente, rápidamente, mala"mente". Y entre tanto -mente, sin controlar la mía, un "hijo de puta" que me catapultó a la calle. Es que ejercer la profesión uno solito, no es tan malo. Puedes no llevar la parte de abajo del uniforme que ninguna compañera se quedará vizca. Puedes prepararte cientos de café y tu azucarillo rondando por casa, guiñándote el ojo cada vez que alzas la cabeza suspirando, haciendo notar la lucidez de la última frase escrita. Ella, cual leopardo en un bar de alterne, roza suavemente la mano por el marco barnizado de la puerta y... toc toc. Algo crece.
El montón de papeles es considerable y no para de aumentar. Rápido, que usted vivirá en el Hotel California.
Aprendió Banjo.
Aprendió a callarse, a no mirar, a no preguntar.
Vivió feliz.
Murió tranquilo una mañana del '54, donde nada más importante que los lechones recién nacidos. Cultura country.
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Amor De Minuto

Se acercaba tan lentamente que el tiempo decidió pararse. De tan animado que estaba, me brindó una visión única. Por allí andabas tú, ser desconocido. Dos miradas me bastaron para comprender que la química universal había jugado de nuevo a las muñecas rusas. Escondido tras la ventanilla, esquilando la paciencia de aquellos que rodeándote, aunaban tu belleza. Muchos aspectos mágicos. Una educación digna de admirar, un saber estar suntuoso y una sonrisa pícara de ilusoria complicidad. ¿Qué sueñas, Mariela? Me decía a mí misma. «Un poco de literatura para esconder la verdad.» La tristeza de su mensaje me condujo a la oscuridad eterna. Por encima de mí, la ilusión quedaba desterrada a lado y lado del camino, tras superar un obstáculo insufrible. Allí estaban tus labios, tu mirada, que parecía huir despavoridos del esplendor claudicando de las facciones. Y algo liso, algo sencillo, algo fino. Un ideal notorio de divinidad en aquel tipo que tal que vino, tal se marchó. Y la chica aprendió a olvidar en un minuto. Un amor que se conoce a las 12 en punto y que muere con el último movimiento del segundero al picar por duodécima vez. Dura y se olvida lo que uno desee, muy a pesar de la parte libídine.
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Suerte Occidental

Hoy las nuevas generaciones toman el relevo de la inocencia y de la ilusión. La magia de una noche teñida de fantasía para algunos. La tradición desfila por las calles, lanza caramelos, se retroalimenta de las sonrisas de los niños, los auténticos protagonistas de tan ingeniosa invención. Porque tras revelaciones inoportunas, uno deja de creer en la magia de la navidad y se reniega; se cae en el error de desmentir aquella pasión que impedía dormir por las noches aguardando impacientes e imaginando el contenido de aquellos voluminosos paquetes que sobresalían entre la sombra... continuará esta historia de amor dentro de 365 días.
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Perdidos

Mejor, sí. Peor también. Diferente, tal vez. He perdido el rumbo. Me cuesta escribir; antes tenía un objetivo, ahora no. Y lo reconozco, no sé que hacer. Lo peor es que la noción del desacierto en cada paso que doy es paralizante. Un hombre que rompe su juramento con una institución legitimada. Una auto-moción de censura para cambiar de planes que llegó tarde, muy tarde, llegó en el momento justo para romper con el círculo de infelicidad que presidía la adolescencia. Me cuesta mirarte porque tantos años no se olvidan con un bandazo, porque tanto amor oculto tuvo que implosionar en una mente atormentada, difícil. ¿Y ver las cosas de un modo mecanicista?... ¿Ayudaría?
Pero ellos practican el juego de niños, de lo inmaduro, de ver las cosas esquematizadas, de excederse en conectores.
Ahora llega el momento de los propósitos, de desbordarse enfocándonos en un futuro de bonanza significativa, con exámenes y vacaciones, con rutina y días que mueren en la rutina y con Michael's Moore que rompen con la rutina.
Cada día que pasa es un vacío y a la vez, una confirmación de lo que, sin duda, era previsto que ocurriese, era el Destino. Ahora no existo, desempolvo la balanza y me doy cuenta de que el 2009 fue un abrir y un cerrar de ojos un año que culminó en catástrofe, con ajustes en mi plantilla y con deseos omitidos por mi Súper-Yo. Iremos a la playa, sí. Allí te darás cuenta con que facilidad una ola hace añicos espejos que se divisaban como obstáculos a vida o muerte. Porque nada es eterno y todo es efímero. Y ni yo me di cuenta, ni mi yo ayudado se quiso dar cuenta. Mi yo ayudado con la cara recién lavada empezó a divisar el año que entra como una revolución colonial, una revelación contra una autoridad esclavizadora, una erección al placer desatado de cualquier figura con apariencia humana.
Me aburrí de la impotencia del conocimiento iluminado, del saber seguro. Ahora amaré a las piedras, que dos risas y felices, dos decepciones y felices, dos estacas y doblemente felices.
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