Tratado De Reflexión Tradicionalista

Una noche oscura y triste de sábado. Pienso. Ahora no es sábado. Hoy escribo, mañana viviré. Quiero decir algo, sin decir nada, como en la mayoría de conversaciones interhumanos. Parte de culpa, la incompetencia. La cobardía es la segunda.
Ya llevo días pensando. Desetiquetándome de aquí, etiquetándome allí. Nosé. Es complicado. Tantos puntos y seguido me hacen pensar que una cierta estela de prudencia enmarca últimamente mis palabras y mis pasos, sólo míos. Sólo yo sé que lo hago bien o mal, en mi medida y en la medida de lo posible.
En una apología por superar los obstáculos, por creer que soy un afortunado en una cómoda vida occidental, me levanto por las mañanas con ganas de hacer cosas y la rutina me despierta. Siempre escribo lo mismo siempre intento cambiar pero vuelvo a lo mismo, al solipcismo del desengaño, a ser un incrédulo del amor.
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