A veces uno necesita reinventarse para descubrir nuevas facetas y conocerse mejor. Es un gesto de inteligencia ya que no deja de apartarse de la imparable necesidad de saber del individuo y todo sin olvidar que somos animales sociales. Obviar el egoísmo en esa acción es más que legítimo para aquellos que rodean al reinventado en cuestión. Y quizá no sea del todo bueno y en función de la personalidad y carácter sea, incluso, perjudicial. El caso es que, como todo hombre, si no se prueba, uno sufre un síndrome de incontinencia-impotencia y su burbuja vital acaba por romperse, tras una larga y profunda desestabilización.
Y resulta que para los demás, en ocasiones, no tenemos derecho a equivocarnos. Nos perfilan nuestro presente y lo moldean a su gusto. O bueno o malo. El imperativo moral para ellos es imprescindible y todas tus decisiones quedan en un punto de mira común que se rige por la ética consensuada del colectivo. Lástima.
Y resulta que para los demás, en ocasiones, no tenemos derecho a equivocarnos. Nos perfilan nuestro presente y lo moldean a su gusto. O bueno o malo. El imperativo moral para ellos es imprescindible y todas tus decisiones quedan en un punto de mira común que se rige por la ética consensuada del colectivo. Lástima.

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