Nieve

Si soy lo que escribo, es la una y cincuenta y ocho minutos. El día cambió ya hace rato. Hoy es martes y de no ser por lo atípico del día de hoy, probablemente ya me estaría acechando la angustia de las dos de la mañana, la de las tres de la mañana y la de no he dormido nada de tanto dar vueltas en la almohada. ¡Qué cousas, qué cousas; muelen sin agua nenguna! Ha nevado hoy. Algo inusual en Terrassa, como si el tiempo en sí fuese predecible. Me gusta la nieve. Me gusta la lluvia, los temporales. Me gustan los terremotos y los maremotos. No me gustan las víctimas. Me gusta que la tierra nos recuerde que la recordemos; no he desaparecido y soy más fuerte que nunca. Durante tantos y tantos centenares de siglos nos hemos dedicado a mirar al suelo y no al cielo, a contener la rabia de los antiguos dioses que claman ser atendidos por aquellos visionarios de las nubes que, con alzar la cabeza, podían deducir las pérdidas y ganancias de las cosechas futuras. Ahora ya, en el siglo 22 nos dedicamos a borrar esa línea que nos separa de la grandeza de los fenómenos meteorológicos para convertirnos en auténticos hombres del tiempo. La necesidad de control incluso nos ha conducido a hacer desaparecer nubes.
Luego destruimos con el CO2, pero tenemos la excusa de culpar a otra bandera: a la otra bandera le da igual. Y sigue igual, claro está. El efecto invernadero no es un chiste. Los tifones y tormentas tropicales no son los aplausos de un público entregado y deseoso de destruir más y más. Así es el delirio del tiempo, imparable, indestructible e inconcebible. Siempre nos sorprenderá un ocho de marzo de dos mil diez escupiendo copos de nieve del cielo y alegrando las monótonas vidas de personas que creen poseer ese lápiz mágico que traza la línea entre la catástrofe y la negligencia histórica.
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2 comentarios:

Arantxa dijo...

Como ya te he comentado anteriormente... sabes que mis palabras te han inspirado...

Muy buen trabajo! Me siento cmo tu musa!

σοφία dijo...

Es cierto... es la misma historia de cada día. A todo le podemos aplicar la visión catastrofista que no nos deja ver más allá del destino fijado por las grandes multinacionales en este sistema. Evidentemente, podríamos hacer una visión positivista y aprovechar esos buenos momentos tan exclusivos que nos brindan las inclemencias del tiempo. También es cierto que tu reflexión me hizo pensar acerca del tema.
Saludos =)

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