Volviendo a casa he caído en sueños, me he equivocado, lo he vuelto a hacer. Te he vuelto a desear locamente. A imaginarme tus besos; algo tierno. A besarte en el cuello; puro arrebato. Tus abrazos, nudos de amor. Pero algo vacío, algo falta. No hay comunicación, no persiste el amor verdadero, no me despierto por las noches a tu lado porque ya no te necesito para vivir, una pisada en la orilla que dentro de poco será borrada; ¿mi especialidad? Se llama decepción. Decepción de todos y cada uno de los que han querido jugar con ese sustantivo. Ya no tengo ganas de ti, hoy no.
[...]
Y dos balas rozan el corazón: olvido y lágrimas. Ambas a lo profundo, hiriendo grave. Cuesta levantarse pero las luces ya iluminan la salida, aparecida de la nada tras el cambio de rasante. Sigo queriendo, sí; pero no como antes, nunca como antes. Cada vez menos. Ya nada, nunca como antes.
[...]
El invierno ya se engulle por la primavera, brotes y esperanza, sol que se deja entrever entre los grandes árboles. Aquellos que en verano parecen insuperables y en invierno son tan tristes de ver. Su dominio se extingue por semanas y las ojas secas forman reservas naturales. Y todo empieza de nuevo y vuelve el amor a correr por mis venas, diferente. Sonrisas.
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Y dos balas rozan el corazón: olvido y lágrimas. Ambas a lo profundo, hiriendo grave. Cuesta levantarse pero las luces ya iluminan la salida, aparecida de la nada tras el cambio de rasante. Sigo queriendo, sí; pero no como antes, nunca como antes. Cada vez menos. Ya nada, nunca como antes.
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El invierno ya se engulle por la primavera, brotes y esperanza, sol que se deja entrever entre los grandes árboles. Aquellos que en verano parecen insuperables y en invierno son tan tristes de ver. Su dominio se extingue por semanas y las ojas secas forman reservas naturales. Y todo empieza de nuevo y vuelve el amor a correr por mis venas, diferente. Sonrisas.

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