Realmente llevo varios dias intentando esbozar algo lúcido. Intento sorprenderme. Lo intento de verdad. No sé qué escribir, porque no tengo nada a decir. No hay sorpresas. Ando perdido en un mar de dudas. Nada depresivo, creo que todo lo contrario. En un paso alcanzaré la luz del sol, dejando atrás oscuros tiempos para mi psique. A cada amanecer, intento buscar un objetivo. Un carpe diem cíclico que me conduzca a la felicidad. ¿Quién tiene mis respuestas? Quiero lograr algo indefinido aún. No sé. Cada día, a las 3 en punto de la mañana me despierto. Manos a la cabeza, trago de agua y relajación mental para reconciliar el sueño. Falta algo, o alguien. Necesito algo o alguien, pero no sé de que se trata. Ya te dije, viejo amigo, que no hay sorpresas. Te lo vuelvo a repetir, esconder algo para, con cara de póker, reencontrarla, pierde el sentido en nuestros días. Se llama patología del infeliz ya. Y cada día se diagnostica más y más. No es estupidez, es inteligencia emocional. Lo anuncié, no tengo nada a decir; nada a escribir.

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