Es una de aquellas canciones que evocan a lo más profundo del submundo de los sueños, de aquello que no realizamos por miedo o imposibilidad autoimpuesta, aquello que, ¡oh! ¡qué sencillo se ve en la infancia! Volaremos a la luna, juntos. Te amaré toda la vida, dulce muchacha. Le llaman superman y anda por las paredes, de flor en flor y de ventana en ventana buscando algo útil. Y ya no me muestras el camino, triste amor. No sé adónde ir, remuevo perdido las sábanas para encontrarte. Hace tan poquito que estabas allí y ya te has marchado como la cultura de la televisión. Ya no me enseñas a ser feliz. Ya no me ayudas a quererme, me traes la desventura con cada palabra, la inmersión con cada mirada y el estancamiento del entusiasmo con cada abrazo. Y mi fetiche, los besos en el cuello. ¡Cómo aciertas! Lentamente.
¡Rápido! Con pasión, con ternura, me recuerdas que soy el motivo por el que te despiertas y que cuando duermes y que en tus poesías aparezco. Soy la musa de aquellos sabios enloquecidos por el tormento de la amargura. No soy la respuesta a tu pregunta, porque la pregunta está mal formulada. No sabes preguntar, olvidaste quererme como pactamos tácitamente y disfrazas de amistad algo que supuestamente fue algo más. Eres cobarde y temeroso, miedo en los dientes, miedo en los ojos. No hablas, no miras; solipcismo.
¡Rápido! Con pasión, con ternura, me recuerdas que soy el motivo por el que te despiertas y que cuando duermes y que en tus poesías aparezco. Soy la musa de aquellos sabios enloquecidos por el tormento de la amargura. No soy la respuesta a tu pregunta, porque la pregunta está mal formulada. No sabes preguntar, olvidaste quererme como pactamos tácitamente y disfrazas de amistad algo que supuestamente fue algo más. Eres cobarde y temeroso, miedo en los dientes, miedo en los ojos. No hablas, no miras; solipcismo.

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