Slow Motion

Slow Motion, Supertramp, cámara lenta. Cena para dos con velas. Miradas cómplices de mesa a mantel y huéspedes con cortesía. Cámara lenta. Se marchan. Tú. Yo. El calor de las velas hipnotiza el fulminante deseo de fundirse. Porque todo va muy rápido. Ya no creo en Dios, creo en ti, pero no eres mi religión. A cámara lenta, dos veces, el disfrute crece. Paseamos por Roma hasta el atardecer y seguimos paseando hasta el amanecer. Una semana circular, secular, por la costa italiana. Tan lejos como puedo ver el futuro es incierto, ¿siempre lo es? ¿Uno sabe realmente como irán las cosas al pie de la letra? El currículum vitae de mi destino ya me ha dejado claro algo: no te fíes de nadie ni de nada. Cualquiera es susceptible de vivir el desengaño espiritual de algo que creía firme. Y Helen seguía viviendo su Slow Motion, tumbada en su cama de matrimonio; toda para ella sola. Un 2x2 que le obligaba a retorcerse de mil maneras por la noche, a buscarse y no encontrarse la psique. Y fue a París, vaya si fue a París... ¡En los '80! Eran los años rosa, de vivir sin preocupaciones serias, de sexo sin preservativo y de Funk arrastrado de los '70 para acabar borrachos en el paseo de la playa más cercana. ¿Que bonito...?
Mamá ya ultima los preparativos del pequeño cuarto oscuro. Aquella noche habría una fiesta de disfraces. Una gran orgía de sensaciones, de miedo, de sorpresa, de ilusión. Todos los muchachos del pueblo convirtiéronse en adolescentes atormentados por la desdicha de tener escudo y bandera: la falsedad. Slow Motion. La canción termina como empezó, a cámara lenta.
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