El Cuaderno De Ideas De Brenda

Cuando el sol se esconde tras los gigantes de hormigón, Terrassa se sume en la más profunda oscuridad. Las farolas desempeñan su papel y favorecen ese clima de pánico a la noche. Vagos y maleantes, antiguos artistas que vagan sin rumbo por los callejones de la ciudad de las chimeneas. Los infelices, ellos, también tienen hueco entre la marabunta de bienaventurados. Sólo era un juego para ti. Un simple y estúpido juego que gritaba por paredes de papel. La cárcel de amor más horrible de mi vida. Entenderte y sufrir, asentir y lamentar. Si tú fueras, si tú fueras alguien externo, ¿te soportaría? Estoy atontado sin culparte y me maltrataste mucho. Y la vanidad ya no poblaba nuestro centro. Era un pobre desgraciado sin camino ni rumbo, desterrado de mis entrañas para, en cien años, no regresar.
  • Facebook
  • Twitter
  • Digg
  • Delicious
  • Google Buzz

¡Vente A Casa!

«Rosario, ¡tú te vienes a mi casa en nochebuena!»
«Huy! Ya viene la Paquita y sus amigas a mi casa, aunque podemos quedar en mi casa en Navidad»
«¿Y qué vas a hacer para comer?»
«Bueno... eso es lo de menos, eso se apañan dos huevos fritos y listos»
«Sí, la comida es lo de menos. Lo que importa es la voluntad»
«Sí»
[...]
Sobre la mesa, bien envuelto y reluciente. Olía a nuevo, olía a cinta adhesiva, olía a todo excepto a lo que contenía: el regalo más preciado.
Estaba sobre la mesa, esperando a que alguien decidiese, por alguna congruencia del destino, creer por unos momentos en el espíritu navideño, abrirlo y regalárselo al más necesitado.
Un huérfano, una viuda o alguien que dejó de creer en el amor. Todos ellos incontables, pero muchos. Ya no creen en la navidad y con ello, rechazan la existencia divina. Ni teístas, ni agnosticos ni deístas. Nadie cree ya en nada. Egoísmo.
Decía un buen amigo que hay un lenguaje suprasensible, más allá de las palabras, es el de las cosas hechas con amor, con dedicación, con responsabilidad y lealtad, es un lenguaje complicado, pero agradable.
Si la buena voluntad adelantase al egoísmo en el triste abanico de preferencias occidentales, los huérfanos tendrán padres, los viudos suspirarán por un pequeño amor que brilla y los ateos del amor volverán a conocer ese deseo tan profundo de intimidad. Sólo así los árboles quedarán vacíos de regalos y un aura inconcebible de utilitarismo invadirá el mundo. Solo así los políglotas de la buena voluntad serán capaces de desenvolverse libremente en la cebolla caducada. Capas y más capas, racismo, homofobia, miedo desmesurado a lo que las religiones dicen que está mal...
  • Facebook
  • Twitter
  • Digg
  • Delicious
  • Google Buzz

Saber Elegir

Usted metió la mano en la hucha y si lo niega, no tendrá regalo de navidad, Señor Ardella.
Bien sabe que cuando un capricho rondaba por la sesera de su primogénita nuestros talonarios, encantados, se firmaban solos. Ahora quiere hablar, ¿verdad?. ¿Sabe usted lo que ocurre cuando la cabellera de una mujer es oprimida y retorcida mediane una máquina? El cuero capilar se desprende del cráneo al unísono y los cabellos, que parecen tán débiles, destruyen cualquier indicio de feminidad.
Es la magia negra del dinero. Cuando se tiene, se juega al póquer cada noche para multiplicarlo. Es una manía natural, pero cuando no se tiene, no hay nada que perder. Mi socio, Kasparov, no tiene familia ni tiene dinero más que el que yo le entrego para armamento. No dudará un instante en eliminar a los que más quiere. Su madre, su padre, su esposa, sus hijos, incluso al vecino. Todo por un sí... ¿Merece la pena? ¿Merece la pena luchar por unas ideas que nos arrebatarán a nuestros seres queridos? Depende.
  • Facebook
  • Twitter
  • Digg
  • Delicious
  • Google Buzz

Complicado

Todavía recuerdo aquellos primeros escritos que me hacían ganar premios en los inocentes concursos literarios de la EGB. Yo siempre he tenido gran imaginación para historias verosímiles en las que aparecían dragones o princesas. Mas tarde descubrí que la novela histórica era más divertida, aún cuando la poca ignorancia que me quedaba no sabía todavía en que año se mataron los enviados de Dios y los republicanos. En esta línea, la novela histórica en países inventados no era factible. Luego llegó la época dorada de las increíbles historias de Don John Ronald Reuel Tolkien que nos dieron a entender la importancia del amor por las cosas que crecen. Con su obra, intentos fatales de acercarse a dicha temática con caballeros que con su daga mostraban a los campesinos cómo cortar la cabeza del enemigo. Con cada movimiento una lección de maestría y de experiencia bélica.
Luego, imprimí en casa lo que fue mi primer "texto serio", con portadas amarillas y títulos del Word Art. Todavía lo conservo maltrecho en el cajón de las cosas inútiles. Una familia argentina huía de no sé qué conflicto inventado y debían alcanzar EE.UU. Cuán estúpido me parece ahora.
Con posterioridad abrí este blog en un ataque narcisista punto com y publiqué ensayos filosóficos. Cuando un pequeño amor empezó a brillar en el horizonte, la trama argumental del mismo giró bruscamente. Obsesiones y miradas plasmadas en entradas. Cuando un espíritu vanidoso lucha por algo en lo que no cree o en palabras que no defiende, sus metas se vienen abajo y de nada sirve continuar intentándolo, por más que el refranero popular de medio mundo diga lo contrario. Es en estos casos -como en nacer, morir o cambiar de mundo- en los que no tenemos elección y nos resignamos a imaginarnos un poco más felices. Es complicado.
  • Facebook
  • Twitter
  • Digg
  • Delicious
  • Google Buzz

¿Quién, Dónde, Cuándo y Por Qué?

Aquellos coros ponían los pelos de punta. La misma frase se repetía cada año cuando Fátima alzaba la cabeza para contemplar tan grande hazaña del ser humano. Era una gruta cavada en la piedra. Una cantera con siglos de historia, con órdenes religiosas y con aliento a viejo en cada chillido del portón de madera que aguardaba en la entrada. Llegamos dados de la mano, preguntándonos que le había pasado por la cabeza a nuestra improvisada guía el día en que corrió hacía su pueblo «¡He descubierto algo, debéis venir, rápido!»
La primera impresión, el miedo, nos recorría el cuerpo. ¿Por qué? Creí perderte un momento [...] hasta que vi que estabas tras una piedra. Yo sabía qué buscaba; tú me acompañabas por amor. Nunca cuatro letras habían hecho desplazarse tanto a alguien. Incluso nos inventamos el nombre de la mujer china que nos mostraba el camino de la villa hasta las cuevas. Por las noches, en las cabañas destartaladas por el frío nos calentábamos mútuamente. Un festival del morbo. Cuerpo a cuerpo, besos en el cuello, de verdad. Tras los besos y el calentón, la sexualidad tenía prisa por unirnos. Y al despertar por la mañana te notaba muy cerca de mí, me respirabas bien cerquita y te besaba en la mejilla. Día a día crecíamos juntos y moríamos cada noche junto al fuego que calentaba pies. Con el otoño te fuiste y no te lloré.
  • Facebook
  • Twitter
  • Digg
  • Delicious
  • Google Buzz

Vagos Y Maleantes

Bien, pues díjose a sí mismo: con el tercer disparo; a correr.
La Guerra volvía cada año para recordarle la falta de humanidad que le quedaban a las personas de aquellas tierras y el menoscabo en la confianza de la palabra de un patriota. Los más viejos recordaban aquellas guerras con nostalgia, mientras movían ficha en su mayor preocupación durante el día; ganar las dos perras de la partida de dominó. Habían luchado no recordaban muy bien contra o a favor de quien. Ellos ya no recordaban más que lo que les interesaba y, entre brotes de lucidez y prontos depresivos, rescataban algún recuerdo de alguna batalla librada defendiendo un trapo. La gran mayoría, cuando todavía recordaban con claridad los dedos de la mano, habían colaborado con multitud de asociaciones relacionadas con la memoria histórica.
De naturaleza Republicana, el pueblo de Ruiz Alarcón parecía una pequeña fortaleza romana, con sus grandes muros empedrados y sus callejuelas serpenteantes. Los mercaderes y burgueses de la edad media instalados por las inmediaciones habían sacado partido de las estructuras existentes anteriores al medievo y habían hecho de las murallas las paredes maestras de sus nuevos edificios.
Gresol se había constituido desde 1717 como una villa "libre, católica y igualitaria". Mujeres y hombres decidían por igual en un sistema político que seguía directrices caciquistas con espíritu democrático. El encargado de velar por dicha transparencia en el orden "de las cosas de casa", como decían en Gresol era Ruiz Alarcón. No era feliz, pero estaba casado, no era padre y tenías dos hijas preciosas, hermosas, gorditas, vamos. Los 315,5 habitantes de Gresol daban fe de la robustez de las niñas. «Vaya par de tetas, niña». Marcelo, el "abuelete" de pueblo, era conocido por sus palabras tan alentadoras a gente que no destacaba por nada bueno. Era un don o algo parecido; sabía alejarse de la concepción elemental de las personas y buscaba en lo más hondo de sus corazones para destacar algún acto de buena fe o alguna habilidad desconocida hasta la fecha. Martina, la hija mayor de Ruiz Alarcón, se cohibía al paso del viejo, pero tras cinco años, o se acostumbraba, o lo mataba. Los delitos en Gresol no se castigaban, no había delitos. Nadie mataba a nadie, pero eran profundamente infelices. Creo que pensaban: «si yo soy infeliz, tú lo eres más, vivirás conmigo para cansarte de lo patético de la vida». Esa prepotencia les hacía concebir a la sociedad como un conjunto de almas inferiores e infelices, no había enemigos, ya que nadie era feliz. «¡Vagos y maleantes, vagos y maleantes!» Marcelo murió con el eco de aquella expresión que tanto daño había hecho a los creativos de nuestro país, a los genios de anteayer.
  • Facebook
  • Twitter
  • Digg
  • Delicious
  • Google Buzz

Pequeñas Victorias

Y cuanto más apalabraba en el futuro, más necio se volvía. Cada noche olía a ginebra, ¿para qué colonia? Mataba las penas con anís y celebraba la pequeñas victorias con whiskey; estaba enamorado. Era un amor difícil, de aquellos inviables, donde los sueños eran fieles substitutos de una realidad que nunca llegaría. El no sabía como olvidarla, ni quería alcanzar el olvido. Por la noche, si el Prozac le fallaba, se aparecía serena recostada sobre sus brazos. Encantadora, inocente, caprichosamente bella le invitaba a acariciarla y, al tocarla, desaparecía. Wasovski repetía cada noche dicha historia interminable, quería cruzar el Niágara en bicicleta. Ella no era lesbiana, tampoco era imposible. De hecho, se conocían hacía algún tiempo. Él maquilló su deseo de amistad y ella que no era tonta, al darse cuenta, se alejó lentamente. Ni sé, ni quiero, ni intento el amor. Una déspota de su propio corazón que no aceptaba morir cada día por su amado. No quería despertarse cada mañana y besarlo arbitrariamente: cuello, boca, que importa. Y en una de esas manifestaciones del mal de amores, la ginebra quiso jugarle sucio: lo consiguió. Extinguió así su amor por las cosas pequeñas del vida, atorgó un sentido a su vida y no supo dormir sin besar la foto enmarcada que logró robar a Wasovski; cada vez más lioso.
  • Facebook
  • Twitter
  • Digg
  • Delicious
  • Google Buzz