Baby Jane

Ya tengo una razón para vivir. Si siempre recibo lo que doy, me quedaré solo en un mundo de depredadores. Donde el amor que se precie se esconde tras cortinas de seda. No le dejes ir, o no volverá. Todos ocupan su lugar ahora. Todo preparado para una salida apresurada. Siempre tú, haciendo amigos por el mundo. Tienes negro a todos. Nadie te aguanta no te das cuenta. Un día todos explotaran y te mandarán camino a casa. Sin noticias de ti; tú tampoco te interesaste, sin nadie a tu lado. Siempre recibes lo que das. Si no das nada, te quedas solo y si das algo, a la larga también solo. La música está en ti. Todo depende de ti, ti y ti. Filosofía egoísta; comprensión asegurada.
Baby Jane, corre hasta la caída que se avecina pronta.
Y como todo texto aburrido de filosofía, morirá en el olvido. Cuando aclare por la mañana, nadie te recordará, tan sólo un pequeño amor que tuviste a los 18, que te acompañará hasta el ocaso.
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Suero

Hace tiempo te señalaron a tus espaldas y te dijeron: «Ese no vale nada»
Yo callé como una mala puta y sonreí. ¡Qué gran mentira! Si te dijese que eres lo que más me ayuda a vivir. Cada día, los medios de comunicación te infravaloran, te substituyen en un abrir y cerrar de ojos. Pero claro, tú eres demasiado famoso como para decir algo. Quiero que sepas que yo te amo como el primer día en que entraste por la puerta, con dos bolsas colgando. Luego me conectaron a ti. Y aunque tal vez haya modelos más avanzados que tú, serás el primero.
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Copacabana

Copacabana, 12 de Julio.
Un bar, humo de tabaco y muchas mesas. El ambiente cálido y musical. Bandaya a cargo de la orquestra, finos, magistrales, como siempre. Entrando, sin americana, esta vez y las camareras, inclinándose a mi paso. Yo, colores ocres y pistola en el bolsillo interior.
Cada noche, una mujer nueva entraba para ser admirada, una turista perdida o una nativa con ganas de marcha. La verdad es que las nativas tenían los pechos más grandes y aquello me gustaba.
Un doctor de bata blanca, vestido de azul pastel también entró. Tras un paseíto estúpido, tomó asiento al fondo a la izquierda, al contrario que yo, a la derecha, noche sí, noche también.
El FBI entraba por la puerta y yo me marchaba por la trasera, corriendo, como un galo. Pistola de fugitivo en mano. La forma física me invitaba a correr por los tejados, en lugar de saltarlos. Al llegar a una callejuela con mantas tendidas, cansado de tanta acción, un par de pliegues y ya era una pueblerina anciana con joroba. El FBI paso corriendo y apartando innecesariamente a todo el que se acercaba dos metros a su trayectoria. Un señor mayor me tocó el culo por detrás y yo le toqué el corazón con una bala dorada: había alertado de nuevo a los federales. La película de acción se reanudaba.
A través de Chicago, L.A. huyendo de ellos por toda América e incluso en Brasil uno no puede descansar. Llegué a la playa de Barry Manilow y empecé a disparar aleatoriamente. Niños, ancianos, jóvenes. Unos 20 muertos. El FBI me dio caza en Copacabana, primero disparan, luego preguntan. Ahora era la anciana de pueblo, no Brest Flouck.
Cambié la identidad. ¿Por qué? ¿Por qué?
Smooth operator. Correr y más correr. Cuando las piernas se cansaron, mi pobre alma andaba ya por las Azores, volviendo a la vieja Europa, a despedirse de mi padre Giulianni. La Bella Italia non sa aspettare.
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Ofuscación

Era tan épico que hasta la hierba olía a hierba. La vereda estaba cubierta de barro y los carros debían esperar en la zanja seca si no querían hundir las ruedas de madera en el fango. Johan Strauss creyó que la descripción pertenecía a un recóndito lugar de la España más íntima. En realidad estaba descubriendo un amor oculto entre las hojas secas de la playa de otoño.
Johan Strauss era un amante anónimo, un hombre de no me calientes la cabeza y un galán. Respetuoso, atento y cariñoso. Aquella pirámide era fundamental para descartar a hombrecillos de hombrecitos y a hombrecitos de hombres. Los martes también me ayudaba a distinguir a los hombres de los hombretones.
Cada noche le preguntaba a la cruz si volvería Trump para las navidades. Nunca hubo respuesta, ni habrá, espero. De lo contrario andaré desajustada.
Cuando conocí el amor, no sabía de corazones crueles, nadie advierte en estos temas. Son los propios portazos que enseñan a no ser idiota. Y yo, idiota no fui.
El otoño se consumía a pasos agigantados, con una impaciencia patológica, al mínimo ruido aguardaba la llegada de Johan al acabar su jornada.
Llegaba y nos recordábamos mútuamente qué es el amor. Algo dorado que se pinta de rojo en los corazones.
Y recuerdo que se esforzaba a redactar sus memorias en cinco meses. Pero a mediados del cuarto mes, una embolia acabó su partida y mis retinas lo empezaron a olvidar el mismo día. Ahora vivo sola y amargada. Leyendo a Alberti por las mañanas y a Hernández las madrugadas.
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Jugando A Niños

Cuando uno escucha a Whitney Houston, quiere volver a ser pequeño, te recuerda aquellas décadas con las que no naciste, pero con las que te sientes identificado.
Volver a nacer para vivir la infancia. Olvidar las preocupaciones y bailar sin rumbo, con el terrible juego de la vida. Todos de pequeños queremos ser mayores, veréis, bomberos, futbolistas, policías, todos trabajando en profesiones-héroes pero por temporadas, claro está. Y si te hace sentir como un billete de un millón de dólares, entonces habrás ganado. Y ya no podrás ir llorando a mamá para que con una caricia te recuerde que tienes que ser fuerte. Y con la edad adulta la gente se vuelve estúpida e ignorante y cuando son criaturas no hacen más que preguntarse cosas y no saben escribir y lo escriben todo desordenado sin comas ni puntos. Y si te caes en el patio, el juego se reinicia, pilla el pillado y viceversa y la conversación más importante es cómo repartirse en los equipos de fútbol. El amor está en el aire, y corre por los patios de las escuelas. Llega un punto en que la dinámica se rompe, llega la edad "adulta", la edad del "pavo". Dando vueltas, probándolo todo, cayendo y recayendo, fantaseando y fantasmeando (tipical teenager).
Y la canción se acaba, ahora ya tienes canas, hipoteca, seguro de vida y el pasaporte para morir en 20 años. Y ha pasado mucho tiempo desde que caíste en el viejo juego del amor y no te supiste levantar; él te hace sentir una chica de millón de dólares.
De todas maneras, nos quedan ganas para jugar a niños y recordarnos como antes en polvorientos álbumes de fotos de cuando todavía el technicolor era un neologismo.
Pasó lo que tuvo que pasar, lo que nadie se esperaba y a las 12 horas ya cantábamos el oooh oh oh oh. Ven y canta. Ven y muere.
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911

El 11 de setiembre de 2001, el gobierno más poderoso del planeta Tierra (donde triunfa la propiedad privada), engañó al mundo entero. En apenas medio día sembraron el pánico, quebrantaron las bolsas de todo el mundo, se burlaron de su propia seguridad, reforzaron el patriotismo americano -fomentando racismo hacia entidades árabes- y ganaron millones, millones de dólares. Y todo comprando, matando y extorsionando a inocentes que más tarde se convertirían en culpables.
Utilizando el nombre de una nación, cubriéndose tras trapos que arrastran demasiada muerte. Una historia que ahora más que nunca se escribe con la tinta de los billetes por los que la gente se transforma en despiadada.
Murieron bomberos en el autoatentado. Se destrozaron muchas familias y se inventaron muchas otras. Se manipularon muchos datos, se redactaron informes incompletos y se pincharon cámaras que eran falsas, pero llega un punto en el que alguno empiezan a pensar y a hacerse preguntas que para otros ya están resueltas. Es así como la conspiración gana terreno en este mundo de políticos transparentes y de gente humilde, trabajadora y humana.
El mundo le pregunta a los culpables, a todos los interesados por compañías de seguros y a las agencias federales de investigación ¿por qué? ¿por qué destrozarle el corazón a cientos de neoyorquinos por un puñado de fuel, por un puñado de billetes, por un puñado de arrogancia? ¿Debemos temer a barbasblancas que sólo saben proferir discursos a través del miedo y la seguridad de ampararse en una gran nación unida tras la catástrofe? Sin duda todo un ejemplo de heroísmo. Usted explique cuentos, señor Bush, no los escriba, porque no queremos más historias negras teñidas de azulgrana con estrellas blancas.
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Homage (Asesinato En La Pista De Baile)

Cada día crece el deseo, las ganas de estar a tu lado. Cada día es más imposible y más probable, cada día es más estúpido y más placentero. Cuando me acuerdo que hace días reíamos juntos se me cae la cara de vergüenza. Pero no olvides que si eres algo es gracias a mí. Recuerda tu pasado para entender tu presente; de tu futuro me encargo yo.
Tú ya sabes, lo mío es controlar, colocar las vías en los caminos de la gente, reafirmarme.
Hablabas algo raro, catalán creo, mi incultura me privó de comprender algún intento de comunicación entre tanto murmullo.
Trabajabas de camarera cuando nos conocimos, recordaré siempre aquel lacito negro, era como un gran cartel en la frente: “Para servirle”. Y en servicios muchas manos maduras tocaron partes blandas, y como una es mujer de bien, que se trabaja lo que se gana, pues ojos ciegos y viva la vida.
Las historias se cuentan. Fue el mal de muchos estúpidos del bar. Ellos salen perdiendo, ellos, te repetía el día de la incursión policial. Otro negocio echado perder por culpa del crack de los ’80. Miami ahogaba lentamente el apodo de “ciudad del vicio”. Policía y más policía recorrían las calles del vicio. Más prostitución, más raperos de mano larga y más policías, dos por cada deshecho humano.
El proyecto hombre avanzaba y retrocedía. Una partida a cartas que siempre acababa en tablas.
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Menage

Cuando ya trabajaba en Capitol, una mañana soleada de abril, el café me impregnó la solapa de la Americana. Más que un ejecutivo, me parecía a los raperos perrosflauta que represento. Corrí al baño en lo que el timbre de la puerta de atención al público sonaba. Una mujer ya crecida con su hijo de la mano, a regañadientes, ella que entres y el chico que no, que se queda en la puerta. «Total para dejar una maqueta grabada de cualquier manera», pensé.
La verdad es que aquella noche el tiempo empezaba a tontear y cansado de tanta tele y tanto ordenador, encendí el equipo y la maqueta empezó a sonar. Fue increíble aquella mezcla de sonidos y aquella voz rasgada. Tal fue mi impacto que me lancé al teléfono y le grité al chico que se presentara en mi casa en 5 minutos y se trajera las cintas de la maqueta.
Al llegar él, empapado, entramos al estudio de grabación que tenía en el sótano. Allí entre metro de cinta y micrófonos creo que grabamos el mejor disco de la historia. Al día siguiente, llevé la canción grabada en alta calidad a Capitol. Todos los productores quedaron maravillados: aquél chico necesitaba un hueco en la compañía antes de que presentara su maqueta a otra discográfica. Únicamente quedaba encontrarle un nombre a la maqueta y producirla para lanzarla al mercado y dar a probar a mi artista a los paladares de los consumidores.
"TTT (Time To Think). Aquel fue el nombre del single. Hablaba sobre el amor mezclado con la posesión y el mito de un caballo que corría hasta que murió sin dejar de correr. Una paranoia con un toque surrealista pero que se podía vender.
Un bombazo. Los Ángeles ya podía temblar la mañana de 14 de Agosto -cuando saliese el disco al día siguiente-.
Y la verdad, no fue para tanto. Vendimos 50 copias de las 250.000 que habíamos editado. Al chico le tiraron a la cara la letra pequeña del contrato y tuvo que pagar las copias no vendidas. Una ruina para la familia Martin; de poco le importaba a Capitol, una empresa con demasiada reputación. Todos los ejemplares fueron destruidos y al chico se le desvinculó de la compañía.
Dicen algunos que Chris se ajuntó con otros amigos y fundó Coldplay, y que incluso estuvieron con Capitol, pero no creo que sea el mismo Chris, porque mi memoria falla peligrosamente.
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Con Dos Rosas Y Un Clavel

Cuando ya no hay más llanto para expresar el sufrimiento, entonces se nota la pérdida del ser querido que nunca volverá. Con 18 primaveras le arrebataron el sueño de volar.
Nunca más verían su sonrisa, ni sus bromas alcanzarían alguna chica gordita del instituto. Y su novia de primaria que no dejaba de llamarle al móvil, aún muerto.
Y fue de madrugada, dicen los testigos. Del primero, ni caso, del segundo, habrá que fiarse para el atestado. Del tercero, ni se crea usted la mitad de la mitad de lo que dice. El segundo era su mejor amigo, su único amigo. Tocaba la guitarra y la harmónica tan bien, que hacía llorar a cualquiera, provocándoles la aparición de los recuerdos más dolorosos. Aquel chico siempre enfilaba melodía tristes, tenía la muerte en la cara, advertía la vecina del quinto.
Aquella noche, alcohol, sexo, drogas y conducción. La primera partida la ganaron, la segunda también, cuando el Joker apareció, no había huevos para encarar el asunto "D". Un control policial que había que evadir a toda costa. ¿Y si su padre se enteraba que le habían robado el Picasso? Una huida desenfrenada, estilo "60 segundos", con tan mala suerte -y sin la suspensión de un Lamborghini- que fueron a parar al lado malo de la cuneta. Y este no perdona, decía también la vecina del quinto. La locura y el éxtasis colapsó la mente del (entresemana) ávido muchacho.
Un cartel gigante con letras blancas: FIN. El fin, se acabó la historia universal para el chaval. Se acabaron los regalos de cumpleaños, los besos de despedida, los cuelgatú, los achuchones de perro salchicha, los saludos ET, las comidas familiares en la casa de campo, los cumpleaños de la abuela chocha, los veranos en Tarragona, los conciertos en salas fúnebres de la ciudad condal, las procesiones de semana santa, las puertas de san pedro, el cielo, el descanso eterno...
El chico libre se convirtió en esclavo de su nicho, inamovible y decorado a toda prisa con cuatro rosas y un clavel.
Tun tun, ¿quién es? La rosa y el clavel - Abre la muralla.
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Por La 110th Street

Vivía cada mañana en Harlem, entre cuchillos de plastilina. Era el más pequeño de cinco hermanos, su madre, la cruda realidad. Luchando para sobrevivir, saludando con recelo al panadero. Y por la 130, entre colinas de pobreza y humanidad, una pequeña infancia, que se despedía por momentos, dando paso a Carl Trump.
Un personaje forjado a él mismo, de los que pueden citar su pasado sin miedo a equivocarse y de sobras conocido en el NYPD.
A través de la 110, había más que una frontera, había una manifestación de ideas que los últimos árboles de Central Park disputándose la interpretación de aquellas manzanas de casas.
Tanto ladrillo debe esconder ideas, debió pensar alguien al pasar por allí.
Y entre las ideas y los pensamientos de los negros de Harlem, se colaban susurros de cascabeles que animaban a la melodía a continuar con la siguiente frase. Acabar con el guetto, que día a día empeoraba hasta convertirse en la zona cero del departamento de policía. La mitad de los “most wanted” se hallaban ya por encima de la 110...
Creía que andaba bien, pero Hooga hermano me advirtió del peligro. Salir y toparme con ellos, me esperaban, me estaban esperando con las armas empuñadas, así nadie, hasta Times Square...
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Meine Familie

Tiempo para perder mi vergüenza en un bar de carretera, y ver la vida de otro modo entre copas y copas de líquido atemporal. Cuando me traigan la cuenta, vengaré a la experiencia y pagaré con galones de estupidez. Ellos cobran, lo cobran bien, bien lo saben. Y corren a cobrar siempre, nunca se olvidan, siempre cobran. Eso no es justo. Dejó de serlo desde el momento en que tuvimos que pagar por destruir nuestros hogares. Perdimos familias y amigos, perdimos nuestra vida por un puñado de codiciosas monedas. Traicionerás, además, porque tal llegan, tal desaparecen. Y si lloras de nada sirve, porque el capitalismo no entiende de emociones sino de papeles. Y éstos se mojan, no sirven, y nosotros seguimos siendo igual de bobos.
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Meredith

Era una noche oscura, donde el negro del cielo apagado pinta las calles de amargura y tristeza. El verano irrumpe con el bochorno a medianoche, pero Meredith piensa «a mí nadie me interrumpe los planes». Ella, hablar bien, cosa complicada. Chica más bien sencilla, guapa, sí, para que negarlo, con un encanto en las piernas que enfermaba a los más valientes. Eso no importa ya. Se acerca el momento "H". Ella dice que será capaz de hacerlo; sé que miente. Su corazón se lo pide, su moral se lo niega. Y ella siempre había tenido en la mano comiendo a todo el que quería. Pero ahora, cansada de carne fácil, tiraba para lo complicado.
El chico, que por llamarse, se llamaba a él mismo, era un lunático que solía hablar con las estrellas. Les preguntaba «hola, ¿qué tal?» Estaba loco, loco.
Ni la gente de su calle conocía su nombre, aquel chico teme a la luz del sol, gritaba una vecina por la ventana del 1º al vocearle por el chico. Todos decían que no. Pero en la magia de lo indeseable, en las varitas de los magos sureños, aquel nombre reconcomía el mundo de la magia; Strauss, y su abreviatura "S".
Un hombre en mayúsculas en el sur, un auténtico don nadie sin rostro en el norte.
Meredith amaba a aquel chico. Topó con el en una feria de antigüedades de Elbow, hogar de la cerveza.
Un amor sureño en Elbow, reía el tavernero, cosa increible allí,
Tras muchos intentos de realzar el hilo narrativo con exclamaciones e interrogaciones, Meredith y Strauss se cogieron de la mano y acariciaron un campo de trigo sobrenatural. Hierbajos de hasta metro y medio!
Ella no podía creerlo, para él, era muy normal.
Mediana altura, moreno y torpe, así era Strauss.
Ni en la más brava comedia del Oeste pasaban los créditos finales sin haberle mencionado. Fama, fama, fama, parecía un musical que le acompañaba en el cambio de frontera...
Cuando Meredith se despertó (lo anterior no fue un sueño) el olor a tostada corría las sábanas al suelo e invitaban a uno a correr a la mesa.
Desayuno listo, desayuno tonto y de paseo por el viejo establo tataní.
Tatania era un condado de Elbow, pero también un estilo artístico perecedero en las mentes de los más viejos. Nadie recordaba el diseño de una silla tataní, sermoneaba en viejo Senhal cuando oía mencionar el arte moderno. La cultura europea colonizaba a pasos agigantados aquella región de Nowhere.
Pero la historia de Elbow es sencilla y rápida, en dos minutos se lee tranquilamente.
Elbow nació gracias a Banananero el Primero, un antiguo rei, Elbomaya que provenía de la colonia europea de Aguananí Tú-tú. Hijo de reyes otomanos, en 1791 (entre desfases históricos), Banananero mostró su miembro al ejército invasor, los Pocápi Cha de Reinbow y estos, al quedar atónitos ante tanta pequeñez, marcharon en filas de 5, para desalojar más rápido el campo de batalla. Tal horrorosa estampa extinguió para siempre a los Pocápi Cha, que quedaron relevados por los Elbomayas como el ejército imperial más grande del mundo.
En 1803, Facundo Hebreo Tonitos el Segundo, hijo de Joe Banananero el Primero, perdió una pierna en un combate de camisetas mojadas. El pobre niñó salió mariposa, chismeaban las cuidadoras del hijo del rey. No contento con eso, se operó de pechos y, cuando ya parecía un globo aerostático, corrió a formar parte de Quitatelaca Misetamo Jada, que entre tanto pecho, estorbaba!
Los años pasaban en vano para Elbow. Eran todos felices. Comieron perdices, y si volvían a tener hambre, pues comían mas perdices...
Las historias son así. Unas veces se pierde y otras se gana, pero cuando no hay antagonistas ni protagonistas, nada importa el resultado, pues de hecho, no se plantea un dilema entre dos caracteres.
Meredith saltaba alegremente por entre las montañas, descubriendo un nuevo lunes soleado. Y entre árbol y árbol y muchos te quiero, desapareció.
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Changes...

Las teclas esperan una combinación inteligente de ideas, firmemente plasmadas, pero me temo que hoy las decepcionaré. No sé que escribir, no sé que decir, no tengo nada que contar o las ideas mal ordenadas. Hoy vuelvo de viaje, dos semanas en Nueva York, el sueño de muchos, para mi uno cumplido.
Una gran ciudad, bullicios y ilusión a cada vuelta de esquina. Kilómetros de metro y miles de taxis que adornan los bulevares de amarillo.
La metrópoli no se levanta; no duerme. Mucho 24/7, muchos perritos calientes y pretzels... Mucho.
Ahora empiezo la universidad, derecho, UAB.
Todo un año que se prevee apasionante a la par que duro, pero esperado desde principios de verano. Un cambio de aires, anonimato y nuevos conocidos, nuevas caras.
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Desaparece...

Un huracán llamado vida que arrasa y todo lo lleva por delante. Familias y amigos y enemigos desaparecen por una puerta que se cierra cada día a las 9 de la mañana; antes para algunos, después para otros. Y por pocos que deciden la vida de los demás que sin consultar se la privan.
Y cada día, también, la harmónica de Bob Dylan acalla los rumores, apoya psicológicamente a los destrozados el 11 de setiembre. Y parece que el emotivismo y la lágrima fácil caen por Manhattan en vísperas del mortal aniversario, pero que recordemos que esta era la casa de John Lennon, que aquí la esperanza por la paz blanca nunca se desvanecía por entre los rascacielos, ahora, intentaron rodearla, pero se les escapó, marchó de Nueva York, se fue para siempre.
Cuando el día se reflejaba en la aguas del Hudson y los locutores recordaban a sus oyentes qué emisora sintonizaban, en aquel preciso instante, la cuerda floja a punto de romperse. Bastaron dos horas para recordarle al pueblo que tras la tragedia se une y que, entre la tranquilidad del anonimato, hay demasiados héroes silenciados. Todos ellos que no salvaron ni a su propio ángel de la guarda. Todos aquellos que ocultaban a su mirada, con el brazo, bien fuerte, a los que decidían morir antes de tiempo -controlando ellos la situación- para caer al vacío desde un octogésimo piso. Por ellos, toda lucha carecía de sentido. Y sentaditos en fila los marineritos que 30 lustros antes abanderaban la nación, ¿alababan lo ocurrido? ¿Se lamentaban por su inútil legado?
Ni Marilyn ni Kennedy, dados de la mano, lo hubieran evitado, y ellos se querían mucho, mucho.
Y ahora son sirenas todo, solo sirenas, que la dejan a una sorda. Sirenas de pobreza y servidumbre eterna, chillidos de libertad que colapsan a la verde bronceada. Nada que hacer, resignarse a morir, resignarse a vivir, vivir para enseñar a los resignados que la esperanza es lo último que se pierde, aunque la perdimos en el momento en que dijimos esto es mío; todo tuyo, desaparece con el huracán, con el huracán...
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