Ángel De La Muerte

Con el silencio del que calla más de lo que sabe, Forbes rebuscó en su chaqueta la verguenza antes de acercarse a la manada de hambrientos hombres de mala prensa.
Qué tal, cómo se siente o incluso, que pasa, Brian. Concesiones de confianza que me estaban asustando. Aquellos periodistas podían llegar a ser muy peligrosos.
Y yo con mi cara de asustado, que me impedía gesticular una sola sílaba. Aparté a la muchedumbre con los bajos del traje y divisé al chófer enfilar la avenida de los castaños, tres palabras cómplices para que sin explicaciones, arrancara al cerrar la puerta del acompañante. Aquel viaje fue mortal para mi conciencia. ¿Qué está bien y que no lo está? ¿Matar y violar es delito? Ellas me lo pedían, ellas me lo pedían a gritos, sólo era una vía, un ángel de la muerte.
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Propero

¡Pues yo una vez, salté desde un quinto piso y casi me muero del susto! La comidilla de aquel geriátrico eran los chistes fáciles, como las mentes de los abuelos, que reían sin parar, a ver quién las decía más gordas.
Y la comidilla hoy son las desdichas del ayer. Ayer, por ejemplo, ayer una niña-pez casi se ahoga en un lago, pero yo, al ver como la criatura -privisiblemente- iba a caer al agua, me acomodaba en la hierba sin intención de levantarme. La madre, en auxilio tardío, agarró a la niña del brazo (era lo único que asomaba del agua) y empezó a remojarla.
Luego una barca repleta de estupidez -sencillo pero sutil- cargada de 2 inútiles y un hombre grabando. Y una cascada de sangre. Las encías sangrando sin parar, pero son pocos momentos los vividos.
Una L cada vez más pequeña custodia las palabras, las conversaciones... Y cuando la locura llega al río, es que sangre lleva...
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