No Dejes Marchar Al Sol

Es una noche mágica y todo parece estar preparado a conciencia para nosotros. Un banco blanco en el parque, un ramo de flores silvestres caprichosamente apegadas la una al lado de la otra y tú, como siempre informal, con tejanos y camiseta.
Yo me he arreglado esta vez, quiero que sea un día especial, quiero que recuerdes el día en que te dije que me moría, que en tres meses ya no me verías más. Y me llamaras egoísta por no haber querido compartir mi sufrimiento contigo, pero no te lo mereces, sólo te mereces besos y caricias. Y si ya no serán mías –que serán robadas- al menos que lo sean por alguien que te quiera igual o más que yo.
Pues levanto la falda con picardía y un voleteo de vestido acompañado de un guiño te digo: «Me muero».
Y que tú te mueres conmigo, decías. Y apoyando la cabeza en mi hombro, tiritando del frío y odiando a la verdad. Maldiciendo a la medicina, a los médicos y a todo el mundo en general. Y seguías llorando, pero no quiero que llores… te quiero ver entero. Lo superarás y no seré más que otra en tu vida de putero, otra a la que arrastraste después de tu drama de vida de adolescente problemático, de padre violento y de madre permisiva y estúpida. Repite lo que digo, grítalo, no dejes que el sol se vaya, no dejes que el sol huya, ¡atrápalo!
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Cien Gaviotas

Hola, hoy es día 19 de julio. ¡Qué irónico!, ¿no? Yo, que de rutina vivo, escribiendo un día de diario. Un día para poner al día lo que ocurre cada día. Un trabalenguas como la vida misma, donde aparece todo el mundo. Donde cada Penny Lanne particular sigue su camino. Todo ha acabado. Bachillerato se despidió sin penas ni glorias. Fingiendo un poco de lástima en la puerta del instituto el último día de clase y comienza el verano con las caras conocidas. Yo trabajando en la M y con el carné liquidado. Un examen brillante y una preocupación menos. Ahora trabajo casi cada día. Y también quedo casi cada día. Con los de siempre, como no... Compartiendo momentos y más momentos que acabaran por matar la melancolía. También he aprovechado estos días para quedar con gente que tenía ganas de ver. Un, ¿hola, que tal? Y un adiós. Un interés innato por saber el qué de sus vidas. También he conocido a más gente... Que si soy abierto de por sí (no de piernas) -el cabaret no es todavía mi vocación principal- ahora aún más. Y tonto de mí, que de decepciones aprende uno, y la desilusión no es el mejor sendero para el conocimiento.
Y empezar nuevos estudios en nuevos ambientes y abandonar lo antiguo combatiendo con lo antiguo. Un viejo ejército que, aunque añejo, infalible. No hay como el calor del amor en un bar. Cada día conozco más a los que quiero y menos a los que no quiero y eso me alegra. No saber de quien tiene cruzado de manera inexplicable me produce un escalofrío de placer. Es cruel, es poco empático, pero es lo que menos necesito, la empatía. Tal vez los que te rodean te moldean con sus caracteres, sus personalidades. Un muñeco de plastelina que se tuerce según sople el aire... Y si no sopla, permanece inmóvil.
Grita la ciudad de los rascacielos y un sueño menos por cumplir. La libertad contextualizada en pocos kilómetros cuadrados. Una universidad que se acerca abrumadora, demasiada libertad y demasiado miedo a que ocurra lo que ocurrió no hace mucho...
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Buenos Días

Buenos días. Días pasados para fortalecer las bases, unas bases fácilmente moldeadas. Gente sin nombre paseando por los alrededores de una cabeza con hambre. Gente alrededor dando de comer. Unos se cansan, otros llegan. Nada sigue igual ni nada va a seguir igual, ley de vida. Hay gente que cree que los amigos sirven para toda la vida, y otros que creen que la misma vida los aleja. La verdad, los amigos son para el momento que estas en la vida. Sin embargo, todos creemos tener los mejores amigos, esas personas que nos acompañan a sitios sin saber a donde ni el porqué, esas personas que nos escuchan sin que nosotros hablemos, esas que te quieren sin decírtelo, esas que te entienden, te echan de menos, hasta en algunos momentos te adoran. Uno te hace pensar, te culturiza un poco, te da apoyo; otro te hace sentir uno más, te hace feliz, te hace reír; otro te entiende, comparte vida, te hace reír; el otro te hace ser persona; el otro te hace sentir; y el otro hablar sin querer. Todo esto puede ser reemplazable, seamos realistas, pero nunca se hará igual. Sólo tenemos una vida, y somos capaces de recordar lo mejor de esta.
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Sé Hablar

Y dices que tu corazón es de piedra, que nuestro amor se apaga, que una llama caprichosa llamada destino reavivó una pasión oculta.
Pero sabes que no puedo dormir, que se acerca a mis pies a describirte y que me trae la amargura, despierta los recuerdos más tristes de la historia jamás contada.
Yo lucharé sin garantía, correré sin rumbo pero contigo en la mente, ¿qué más puedo pedir?
Y la luna zarandea sin éxito a las estrellas que quieren impedir algo que ahora ya es posible. Resulta que son ellos, los eruditos, quienes no parecen darse cuenta de que el viejo juego del amor aparece nuevamente.
Y deseo que te lleves mal con él, que os dejéis de hablar y tenerte en cuerpo y alma a mi lado: tú, yo y la soledad para conocernos. Una intimidad reforzada con el amor, la pasión y su tradución; los besos. Y sabré hablar inglés, francés e italiano.
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Un Hueco

Las palabras duelen.
Las palabras duelen y no mienten.
Y si esa es la intención; mentir, pronto será el descubrimiento.
Y las palabras ayudan a trasmitir mundos enteros: son fuego.
Nos reuniremos en el paraíso, donde las palabras caducadas se hacen hueco entre tanta mentira. Allí los hipócritas hablan por los codos pero sus palabras envenenadas se pierden en el eco de la verdad, que se alza privando de luz a los necios.
Abajo, sólo espacio para los amantes y tú apareces de nuevo y nada, nada te delata.
Y comemos en algún restaurante de mala muerte, que a tu lado lo insípido tiene sabor.
Pero yo me marcho al día siguiente y mi maleta rebosa de buenos recuerdos y mi pluma se marcha a otra parte a enamorar con las palabras, a malinterpretar la vida de estúpidos, como un barco dentro de la botella de cristal más grande con el tapón más pequeño; y no puedo salir, no puedo.
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