Ilusiones

Cuando somos pequeños vemos el mundo con otros ojos. Unos ojos infantiles que a todo le suman una cierta fantasía, creen y crecen con ilusiones, que a medida que pasa el tiempo se van rompiendo.
Supongo que para muchos soy simplemente una ilusa, a los que todos dicen que sí. En el fondo no es así. En el fondo sé que todo va a cambiar, que todo será diferente de aquí a un tiempo, y mis ilusiones de seguir como hasta ahora, se están rompiendo. Es inevitable y, en el fondo, para que mentir, tengo ganas de cambiar, de hacer cosas distintas, de conocer gente que me valore y dejar de lado las falsedades.
He pasado por muchas épocas en mi vida. Muchas amistades, muchos palos y sin duda estos últimos tres años han sido lo mejores, o si más no, los que más me han marcado y cambiado como persona. A veces hecho de menos la gente de antes, mi vida anterior, otras no quiero separarme jamás de los míos, y otros simplemente quiero irme lejos de todo y de todos.
El tiempo pasa...y la gente cada vez la caga más y más y más. Estoy empezando a pasar de problemas, a pasar de gente y centrarme en los que verdaderamente me importan, y el número cada vez se va reduciendo más.
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Brothers In Arms

Llueve, el suelo está seco. Nieva, y el suelo está mojado. Sol, y el suelo está nevado. No importa, el cielo está cubierto de polvo. Pólvora, armas, amigos de la destrucción, brothers in arms.
Junto a la colina de la rosa roja, un hombre con una calibre '32, asoma el cañón por entre los sacos de arena. Quiere quitar una vida, quiere destruir el futuro de un soldado. Pero el pobre mercenario olvidó que su hermano también rompía vidas. Una madre contenta, que sus hijos destruyen vidas y ella, con la bandera colgada en el salón, aclamando la causa. En lugar de pararlo. Diferentes mundos, diferentes puntos de vista, pero uno posible para analizar la guerra: la estupidez. Nacionalismos, dinero, seres corrompidos por la codicia de tener más y más y presentes y futuros en juego. Personas... idas al infierno. La luz de la luna que quiere tapar la verguenza al sol, cuando se levante al día siguiente, como si nada, por las colinas de la rosa roja. Demasiados idiotas para cubrirlo todo. Hermanos en lo bueno y en lo malo, brothers in arms. Uno de ellos, cegado por la verdad, descubre que están cometiendo atrocidades. Que están quitando vidas defendiendo intereses ajenos a ellos. Y lloran y lloran su pérdida. El cabo en enterarse, que te agaches y tiro entre ceja y ceja, y vuelta empezar y la seguridad que otorga la sumisión...
¿Está el mundo loco? Prefiero una ranchera por las carreteras americanas, tarareando a Cash, mientras el vaivén del country hace olvidar las penas de los pueblos ya recorridos. Avanzar y nunca utilizar la marcha atrás. Si hay que volver que sea dando la vuelta al mundo...
Y entre las colinas de la rosa roja, ya sólo se asoma la verguenza a reirse de los humanos y enseguida retoma su rutina: dormir y dormir hasta que llega la muerte. No hay peor verguenza que eso.
¿A dónde crees que vas? Si se dónde estás cuando no estás a mi lado, si la compasión te persigue para darte muerte. Si las armas ya no sirven aquí, no sirven más que los brazos para abrazar a un amigo, a un amor, a un familiar... abrazar, la peor arma y la más mortífera, la del amor, que destruye cualquier indicio de sumisión y lucha por las manos vacías... ¿A dónde crees que vas?
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Vacaciones...

Estoy cansado de ver fantasmas. De ver personas que aparentan lo que no son y que convierten su vida y sus intimidades en un espectáculo público, una gran hazaña que parece, hoy debe ser aplaudida.
Estoy cansado de arrastrar relaciones por dos personas que merecen la pena. Estoy cansado, muy cansado. Por eso quisiera perderme unos días, postrar un cartel gigantesco con unas mayúsculas muy negritas anunciando Vacaciones. Viendo a 2 o 3 personas que me importan y pasando de las demás. Alejarme de todos y todo. Necesito comprender por qué la gente se compromete tan poco. Cuando uno no recibe ni un tercio de lo que da. Cuando uno se aburre de ser tan pesado e insistente y no recibe ni un simple: ¿Cómo estás? Siempre medio persiguiendo a los demás, llamando y preguntando. Cediendo a todo y sin proponer nada. Aburriéndome si es que no estás tú o tú. Hay diferentes mundos, hay tantos puntos de vista, y cuando uno se centra en uno y ve las cosas de un modo, no puede sino debe hacer las cosas pensando en hacer daño a los demás y antes de que eso ocurra, prefiero no estar. Un tiempo de reflexión, entender el porqué de las personas. Tal vez guardarlo o tal vez hablarlo. ¿Será la hora? No lo sé. Al final uno se cansa. Lo siento, amigo.
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One

¿Has venido a perdonarme o a olvidar el pasado?
Sabes que te espero, sabes que nací por ti.
Un amor que brilla. Un amor oculto que brilla y amigos tóxicos lo destruyen.
¿Te va todo mejor o sigues igual? Sé que es difícil, es cosa de dos. Gritemos dados de la mano, ladremos al futuro y refugiémonos en el pasado.
Un presente incierto. Peleas y mañanas desayunando en el bar.
¿Es demasiado tarde si te amo de mentira o habrá segundas oportunidades si te demuestro que es de verdad? Y juegas con lo de siempre y finjo perderte para recuperate por la noche.
Y somos uno, pero no está bien.
Un amor, una vida; palabras, momentos, miradas, carícias. Ítems irremplazables que me hacen feliz. Y tus problemas son mis problemas y quiero intimar contigo.
No te das cuenta, pero a veces un gracias hace milagros, da valor a los actos. A veces un "gracias" me hace quererte eternamente, otras me obliga a apagar la luz para olvidarte y las llamas de pasión iluminan la habitación.
¿Me preguntas a mí? Me preguntas a mi y solo se decirte: One
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Vendidos...

Hoy no tengo ganas de escribir una historia mística o una descripción exhaustiva pero sincera -bromeando- de alguien. Hoy tengo ganas de criticar un poco ciertos valores que en las últimas décadas -forzados por la aparición de las nuevas tecnologías- se han ido implantando en nuestra sociedad. Hace dos o tres noches, aburrido de tanto FaceBook (erre arriba a la derecha) y MSN (erre arriba a la derecha), corrí a tirarme al sofá. Encendí la tele y curiosamente, por casualidades de la vida, el canal en aparecer fue Antena 3. Esta casa era una ruina. Alegrías rotas por una muerte y un equipo de hermanas de la caridad que, aferrándose a todo lo que el dinero es capaz de hacer, hasta vender emociones, construye una casita para los niños del pueblo. Puedo parecer asqueroso criticando dicho acto. Se supone que es un bien común para mucha gente. Dará felicidad para mucha gente. Una cosa es tener buen gusto, la otra, hacer que la cara de la hija muerta aparezca hasta en los retretes (sentido figurado). Homenajes preciosos y, raramente, el pueblo unido por una causa común. Ahora todo el pueblo, que seguramente los días de cada día pasen los unos de los otros, se venden por un poco de dinero. Es muy bonito, pero demagogo, ¿No? Demasiado fingir que nos importan las personas cuando cada mes en nuestra cuenta corriente salimos ganando. Yo le digo al señor Lejarza, directivo del Grupo A3, que este tipo de programas que juegan con la sensiblidad de los seres humanos, atacan su dignidad y se refugian en la compasión (dando imagen de que nada tenía sentido hasta que llegó el autobusito de A3).
Cada cual es libre de venderse por lo que quiera, pero evitemos que esto sobrevenga en televisión, y que millones de personas pierdan el tiempo con la lágrima que ahora cae, ahora no cae. Sólo nos inculcan materialismo, racismo, estupidez, no formas de ver la vida y eso, a la larga, será peligroso.
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La Histeria Universal

Cuando nos encontramos, hablabas siempre del amor. El amor no es lo que piensas. Pequeña, algún día, crecerás y te darás cuenta de que las personas buscan el daño ajeno. Cuando nos reecontramos, habían pasado años ya. Tú tan diferente, tú deseando la soledad y ella que llamaba a tu puerta y tú sin abrirle. Ahora ya confías en tu sombra. Nunca la tuviste en cuenta y ha resultado ser tu mejor compañera en el camino. Muchos conocidos y 365600 amantes aguardando impacientes a que alzaras el dedo de las oportunidades. Tanto tenerlo en alto, se acabó torciendo y señalando al suelo -que en vano intentó alzarse- desapareció entre lágrimas de nostalgia. Era fría y calculadora, era estúpida sin quererlo y no se hacía querer más que para el interés. Un pareado peligrosos para las relaciones interpersonales que acabó interponiéndose en su vida. Se cruzó y le acompañó durante los largos años de adolescente-adulta, sola y sin corazón latiendo.
Nadie recuerda como la conocimos. Extraño fue el día en que se acercó ofreciendo pescado fresco con su amiga la carnicera. El amor no es lo que piensas. Nos lleva la corriente y iluminas más de una retina por la vereda. Que tú ni caso. Apartándose el polvo del hombro con la mano cerrada. Y aficionada a la lectura de los desequilibrados y vagando por las calles de Terrassa, esperando a que se abriera la vida de nuevo al día siguiente. Esperando a que la muerte temporal se marchase y las flores se descapullaran a tu paso.
Muchacha, no tienes amigos. No eres el centro de atención. Aunque hay algunos a los que no les importa compartir capital. Algunos te aprecian mínimamente, otros te darían la luna en una cesta.
Y si nos dices que tienes problemas, son nuestros problemas y si nos dices que mañana no saldrá el sol entre nosotros, te mentimos y te decimos que, como cualquier sueño de adolescentes, nunca nos separaremos por nada de nada del mundo mundial.
Cuando nos encontramos, hablabas siempre del amor. Acabaré haciéndote daño, acabarás haciéndote daño.
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Verano Del '69

Verano del '69. Año sabático y erótico. Año del cabaret y Miss Lance-Vance con sus medias ajustaditas cerca de las rodillas. Bailando para cuatro viejos verdes sin familia y con los sábados libres.
Ella estudia, personaje redondo.
Crece estudia, trabaja, compagina, cuida a su madre, cocaína, rehabilitación, mafia, madre coraje, familia feliz.
Miss Lance-Vance ya no viste de mujercita. Formal ella, con ropa de oficinista, lucha con las teclas para apuntar cuatro notas en la base de datos de la empresa.
310504, la clave de la caja fuerte, pasaje de la felicidad eterna. 310504, el día en que todo ocurrió.
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Miradas...

Una mirada, dos miradas, tres miradas... las miradas se cuentan. De amor, de odio, de cariño... las miradas son emociones. Son emociones y se cuentan y transmiten más que las palabras. Éramos cinco. Habíamos nacido allí y lo que juramos no abandonar mediante promesas de adolescentes se devaneció como un castillo de naipes azotado por el viento de una esperanza caduca llamada vida.
Todos muy diferentes entre nosotros, pero compartíamos la manera de ver la vida, de divertirnos.
Y de ver las cosas. Yo era muy iluso y creí ver una mariposa tricolor que sobrevolaba nuestro espacio.
Nunca pensé que una persona pudiese ser tan importante para mí.
Alguien con quien compartir penas y glorias y glorietas y vivir momentos irrepetibles.
Y asegurarme de que al día siguiente estará ahi para apoyar y animar y yo lo mismo por él.
Hasta que se harte de mí, que lo bueno dura poco y todo se rompe y desquebraja sin yo quererlo.
Tengo miedo a perderte, no es la primera vez que me pasa.
Si quiero hablarte, te escribo y me oculto detrás de cada palabra sin esperar respuesta. Sólo contemplando.
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Caigo Al Agua

Eres luz y eres sombra y la angustia de no verte me apaga los viernes y me enciende los lunes y la percusión me ayuda a sobrellevar el fin de semana.
Y eres toda tú que, ocultando la verdad, me haces sonreír.
Y te llevo en mi bolsillo cada día y en mi corazón.
Pero cuidado, en primavera se da el apogeo vital; en otoño tu marcha será forzada y los violines gritaran que te vayas, entre melodías tristes que provocan lágrimas.
Que si hablas soy feliz y me basto con una carícia, que abrirá una llaga profunda en esa herida de mi corazón que lleva tu nombre.
Única, inigualable y fugaz, como una pesadilla infantil. Fugaz y repetitiva.
Recogiendo sensaciones por el bosque, deshojando margaritas al contar los días para que vuelvas, deshojando margaritas para convencerme de que me amas -aunque haga trampas-, de que me amas.
Y acariciando cada árbol, cuyo rostro me hace volver cada tarde y sentarme cerca de la laguna.
Y ver mi reflejo en el agua turbia y recordarme quién soy: un fracasado sin ti y el hombre más afortunado del mundo si me tiras un beso. Y de tanto acercarme al agua, como si de un reclamo de un espejismo se tratase, caigo dentro. No sé nadar. ¿Me enseñas?
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Parpadeando

Ayer fue rápido, para que engañarnos. En nueve vueltas de campana ya habías muerto. Nueve vueltas que se saldaron 18 años. ¡Se supone que en año nuevo se empiezan a cumplir los deseos! ¿Deseé tu muerte o que te abrocharas el cinturón?
Pero tú controlas, que si tenemos un accidente, antes de estamparte contra el parabrisas y destrozarte, ya si eso pones la mano en el salpicadero y lo evitas. ¡Claro que sí!
Y yo ahora con las manos agarrotadas al volante y la música en marcha, que el coche no ha quedado volcado.
Y mi mente no quiere, pero el corazón me pide que me gire por última vez a verte, descuartizado por los hierros del coche. Mis manos llenas de sangre, mezclada con la amargura de las lágrimas que me recuerdan que te has id.
Acompañantes y conductor medianamente ilesos.
El copiloto desabrochado de la vida en un acto de rebeldía inútil contra las leyes de la física.
Y la bolsita de plástico que sin su amigo cinturón no ayuda. Y todos los chivatos parpadeando y la bocina en marcha, molestando al silencio de la noche y un ¿estáis bien?
Y tres respuestas, pero me faltaba la que me hace despertar día tras día, la tuya.
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Oir, Ver Y Callar

La vida es una gran habitación oscura. Una redonda de luz situada en el centro custodia al hombre. Él se sienta en la esquina noreste. Se sienta a reflexionar. Un hombre sencillo, que no se complica la vida. Con aficiones sanas. Un hombre cerrado. Dificultad para abrirse y relacionarse. Un hombre con pocos amigos pero con amigos de verdad. Él no es falso, no es hipócrita, ni simple. Es un hombre misterioso y, maldiciendo la rutina, se levanta pensando que no sirve para nada. ¿Qué he hecho de útil en esta vida? Probablemente, nada material. Pero... ¿A cuántas personas habrá animado en un momento determinado? ¿A cuántas personas habrá alegrado con una sonrisa? Son conceptos difíciles de definir, pero fácilmente percibibles.
Ahora, la luz del centro se va abriendo. A la derecha, 214 Sullivan Street abre sus puertas a las mentes cerradas. Un designio le ha sido concedido. Vivir para alegrar a las personas. Muchos lo describen como "un tonto que no habla". ¿Forbes un tonto que no habla? Madre mía. ¡En qué senderos se entrometen algunos ignorantes!
Él no odia a nadie. Nadie le odia a él. Si buscando el bien de los semejantes encontramos el nuestro, puede parecer egoista. No siempre.
Con Forbes, se puede hablar de todo. Supongo que no todos hablan de todo con Forbes, pero es una persona en quien confiar. Una persona a la que poco le importa lo que digan los demás. Forbes es atento y empalagosamente repetitivo. La descripción es aburrida hasta que Forbes encontró que las esquinas podían ser redondas... Así, Forbes, entró en un giro hiperbólico que le condujo a la perdición. Nadie conoce ya la historia de aquel muchacho. Lo que siempre será recordado es que marcó un antes y un después en aquella calle, y que por nada del mundo, tras darse cuenta de lo mucho que valía, quería perderlo.
Así pasaron los días, los meses y los años y el 214 seguía igual. Siempre frecuentado por la misma gente, los que de verdad importaban. El resto, no eran más que huellas en la arena, que a golpe de ola, desaparecían.
Y el mito se hizo leyenda y la leyenda fue transmitida de generación en generación. Y aquel hombre, sencillo e interesante seguía solo, perdido en la infinidad de la reflexión, buscándose a sí mismo sin hallarse, llorando por perderse.
Las historias terminan siempre con final feliz y esta no será menos. El problema es que esto no es una historia. Es un breve relato acerca de un chaval que pasaba desapercibido en la nulidad. Oir, ver y callar.
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Todos Hablan...

Recuerdo aquel verano del '71 como el verano en que Fifth Dimension sonaba por todas las radios del país. "Aquarius" nos acompañaba en cada kilómetro y las emisoras la pinchaban una y otra vez. El viejo chevrolet parecía ir más rápido a medida que avanzaba la melodía. La gran melena rubia sobresalía rozando la carrocería. Por aquel entonces, Pete, que se enojaba fácilmente era el hombre de mi vida. En él, mis esperanzas permanecían aferradas como mi equipaje en su coche. No importaba que al día siguiente no le quisiera. De hecho, a él le daba igual. Tan sólo deseaba tenerme a su lado día tras día. Un perro fiel alimentado por amor barato pero sincero. Probablemente, empinando aquellas cuestas de Berkeley aquello era lo único que nos quedaba, la sinceridad. Cuatro ropas desgastadas y rotas nos tapaban la verguenza y besos no faltaron aquellos días de calor. California, amor, California. ¿Qué has visto y verás? Una pareja de enamorados sin rumbo pero con ganas de dejarse llevar por el paso del tiempo. Sin expectativas, sin rutina, sin amor insincero. Apenas acercarte, "Aquarius" empezaba... Apenas irte, terminaba "Let The Sunshine In". ¿Lo dejamos entrar? Y el sol, que nos lleve. Y el reflejo en la arena, tíbia de tanto acariciarla dibujando nuestras iniciales entre corazones. Y ya suena el "Wedding Bell Blues" y nos casamos... Y morimos rápido... Y a soñar... Y puntos suspensivos.
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Sol

Ojos rojos, ojos negros, ojos tristes a mi parecer.
Ojos rojos, ojos verdes, según lo que diga él.
La justícia de la razón que recae sobre sus manos,
relativismo adaptado a golpe de tabaco.
Veni, vidi, vici. Soy feliz muriendo, soy ladrón y embustero.
Y a los ladrones les gusta robar y a los embusteros mentir y yo,
ofrecerte mi amor, entero, para ti.
Que no leas nada, que no sabes. Que intentarás llorar y todo seco.
Demasiado tarde para sembrar si uno recoge lo que siembra,
mejor ir al bar. En el bar todo se calma. El tiempo se para y las cervezas.
¡Qué grandes son! ¡Y la droga! ¡Qué grande! ¡Como ayuda a evadirse
del mundo ya aparecer en nuestro ideal!
Juntos podremos viajar al sol.... Juntos...
Ahora caminamos en el sol... Rabiando de alegría, a más no poder. Y los
infelices se lamentan, porque nunca nos alcanzarán.
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Nacido Para Correr

Recorriendo las calles texanas, buscando el sueño americano. Sin pasarse de la línea, decía Patt Smith. Los tramposos como nosotros nacimos para morir. Nacimos para morir.
Entonces suena una trompeta y entre redoble y redoble de tambores tenemos un segundo para huir. Primero tú, luego yo, destrozando una gran canción, desequilibrando el ciclo vital. Montamos en el Chevrolet plateado y medio pisando el freno, escapamos sin parar a pensar en lo que nos esperaría en el siguiente pueblo. Nuevas caras, nuevos amigos, nuevos locales a frecuentar, nuevos paseos bajo la atenta mirada de la luna. Todo de cero de nuevo. Otra enésima oportunidad. Una tras otra. Somos maravillosos y únicos y deberían dar premios por eso. «¿A quién se piden los premios?» ¿A gente que decide subjetivamente y condicionados por el contexto lo que vale y lo que no vale? Mujer, para mí, tu talento no tiene precio, mas quién decida sobre ello, chillidos en la cara y escúpele en la cara... Muerte! Y de nuevo, los tramposos como nosotros, a correr!
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Hambre...

Ayer tenía ganas de comer. Ningún alimento en especial... ¡plátanos de Canarias! ¡Oh, Dios! ¡seré pervertida! Olvidé que el positivismo corre por mis venas como una inseparable química, como unos grilletes imposibles de abandonar en el camino.
Pedorrea en las palabras, miedo a hablar.
Era una verdadera cerda. Todos lo sabían, todos lo saben. Juego con ellos por sexo. Me burlo un poco. Juegos... ¡Infantil! Estúpido. ¿Suficiente para mí? Reacia a las críticas... a cebarse. Músculos, pesas, amor al cuerpo. ¡Para qué!, Arístocles de Atenas si todo caduca.
Cultiva tu mente; piensa crea y entretenme, no aburras, muchacho. Como un libro dorado, con escote didáctico y un par de pechos bien colocados que sabían dar lecciones de fe. ¡Caía tan fácil! Sufría en silencio... «Sólo el tacto, por favor» «¡No!» La vida y el curso escolar me servía de carnicería... ¡Carne fresca, Zaratustra!
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