El Nacimiento

El nacimiento de algo esporádico, de algo maravilloso que ha llegado, como una profecía inexplicable o como un sueño imposible hecho realidad. Todos alaban a la libertad, todos alaban la oportunidad concedida a una raza teóricamente inferior. Hoy los blancos tararean los estribillos del nacimiento cuando apenas años antes del discurso de Lincoln los trataban como apoyaderos para los pies. Increíblemente los pequeños cambios son posibles. La insistencia y la perseverancia fueron claves para el alzamiento general, la particular revolución que otorgó un abanico gigante de oportunidades, palabra clave en América.
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¿Me Amarás Mañana?

¿Te acordarás de mí mañana, en el ocaso, cuando después de ocho horas, nos conocimos a fondo? ¿Te acordarás de mi cuando acudas a una fiesta en la que no conozcas a nadie? ¿Te acordarás de mí cuando, después de verte una y otra vez y recordarte que existo gires la cara para olvidarme?
Seguramente tus ojos estén enfocando a otro corazón, pero el 31 de diciembre, recordarás mis palabras. Cuando las dudas y los propósitos aparecen apresuradamente para desear un año nuevo y dar un cambio, me incluirás en tu lista? Sinceramente, preferiría una negativa, porque las palabras, se las lleva el viento y los papeles se queman. Solamente me quedará, entonces, desear que tu atención recaiga en mí nuevamente, para que en nada, me vuelvas a olvidar y a creer que algo extraño puede hacer que me recuperes. ¿Encontrarás, entonces, la facilidad para aconseguirme de nuevo, o decidiré olvidarte para siempre cuando el veneno de tu amor fragüe por mis venas? ¿Me invadirá el rencor, la avarícia y el egoísmo de retraerme socialmente y abandonar las espectativas de cualquier relación interpersonal?. Yo no lo sé, sólo se que intento odiarte, pero el amor me invade. Cualquier relación con la realidad, sería un disparate, ¿verdad?.
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Estelas En El Pasado

Su pasado, una desdicha de problemas, chulería y principios de racismo no le ayudaron en su futuro académico. Su amigo le había abandonado a su suerte. Todos habían sentado la cabeza excepto el que seguía mezclando realidad con fantasía para crearse un presente llevadero en el que todo se movía a su deseo y voluntad. "Las cosas no son así" era la frase más escuchada por su atormentada cabeza. Todos y a la vez nadie se la decían. Todos ellos, con deseos de ayudarle y con todo y con eso, deseándole lo peor. El chico dejó de intentar lo imposible para, de una vez, pedir perdón a sus seres queridos -si es que aún quedaba alguno- y rehacer su vida.
¿Dónde estaban los amigos? Aquellos que le habían acompañado durante el currículum educativo parecían haberse esfumado como la niebla. Entonces, de manera divina, recordó que todos esos que decían ser sus amigos no eran más que estelas en el pasado, compañeros de calle y de alguna que otra confidencia, muy filtrada, por supuesto. La confianza en ellos pendía de un hilo, Foxx lo tenía claro. Ese es el motivo por el que cada noche se encerraba en su coche, aparcado en la más alta colina del valle de East Lower Side, en San Francisco y reproducía repetidamente "A Night At The Opera". Cada canción, un mundo y cada mundo, una alegoría de su vida.
De repente, la película de su vida, afortunadamente en color, recorrió la vista de Foxx, embrujándole de recuerdos y de estelas del pasado (nuevamente).
La angustia de recordar le invitó a presionar la palanca de aceleración y junto a sus recuerdos, se despeñó por la montaña.
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Entreabierta

La confusión invadió por unos instantes su capacidad de razonamiento. Por suerte, el sentido común afloró inequívoco ante la perplejidad de la portadora. Una mujer ancha, alta y con una cara que le otorgaba una semejanza animal, con pocos amigos, poco sociable y retraída en sí misma. Era una fémina que en sus días llegó a ser atractiva, pero la belleza, efímera, se desprendió de su cuerpo cuando contaba con 15 años. El circo mediático que junto a dos amiguísimas tenían montado en el instituto, empezó a carecer de sentido, pues el encanto físico gracias al cual accedía a todos los privilegios y chicos se desvanecía día a día. La gracia a Dios, dijeron unos. Pura envidia, la que recorría las venas de otros. Su por entonces mejor amiga, le aconsejó abandonar a Dick antes de que este llegara de su viaje a la estación de montaña favorita de papá, ya que el impacto de la negativa a continuar con la relación asustaba a Margaret. Su amiga era impulsiva y cualquier "no", le impactaba en su orgullo como el cuchillo en la madera.
Sin más, aquella tarde se desprendió de todos sus "amigos". Empezando por los buenos y acabando por los amigos de favores. Estos últimos ya no querían ni apuntar su mirada al rostro de nuestra asociable protagonista. Un bocanada de aire fresco limpió de falsedad y prepotencia el antiguo firmamento mental de Sue. Gracias a ello podía ver claramente lo que todos esperarían de ella en ese caso: se convirtió en una chica solidaria. Fea, pero solidaria. Su cabeza asentía sin parar. Decía: vale! ok!
Gritó su nombre diez veces en el espejo y seguidamente, el reflejo se desvaneció, apresuradamente ante su atónita mirada. Todo había acabado. La música estaba por todas partes y el romanticismo de la escena sobrecargó su corazón, que dijo basta a las nueve y veinticinco.
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El Árbol Blanco

Una insoportable mañana de agosto, en un país de nombre impronunciable situado en suelo africano, apareció un chico de la nada.
Dejaba entrever indicios de adolescencia, pero el malestar que transmitía su rostro denotaba desigualdad, hambre y pobreza.
A Hyad no le gustaba quejarse, pus el doloroso sentimiento de inferioridad cada vez que recordaba su situación le invitaba a no hacerlo.
En lo más alto de su poblado se erigía una torre de medio kilómetro de alto que data de milenios atrás.
Su rigurosa construcción y una acertada elección de los materiales y técnicas permitían al edificio mantenerse en pie.
La torre disponía de un patio exterior preparado para cultivar, con suelo fértil pero no trabajado debido a la voluntad del dueño y señor. Era una de las pocas zonas en las que se podía plantar y recolectar, porque la orografía del terreno posibilitó el desarrollo de aquella especie de oasis.
Con todo y con eso, aquel cerro continuaba apartado de las casas bajas que conformavan el pueblo.
A los habitantes de aquella comarca ya les resultaba indiferente el no poder acceder a la casa de la montaña, pero a Hyad le resultaba injusto.
Un día accedío al cerco, aprovechando el despiste de los guardias y plantó un árbol en lo más alto de las tierras.
A los 20 años, cuando Hyad tenía 35, ya trabajaba como guarda en lo alto de la montaña, pero su árbol ya había crecido y se estaba apoderando de la estructura de la torre. La prohibición de tocar el jardín había ayudado al crecimiento. A los dos años siguientes, el árbol destruyó los cimientos de la torre y cayó piedra a piedra, esfuerzo a esfuerzo.
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Angeles En La Ópera

Se sentía como una ángel. Cansada, respiró profundamente y su aparato respiratorio le agradeció aquella bocanada de aire fresco. Estaba en casa, en el lugar que había soñado. La esperanza crecía entre la desesperanza, se hacía un hueco la garantía del éxito. La vida plausible no era viable. El esfuerzo y la consideración por algo deseado debería haber sido más estudiado.
Apenas dos días antes de la actuación los coros ya estaban ensayando. Las voces graves realzaban el sonido que se extendía fulgurante por los acolchados de la sala. Afortunadamente ella lo tenía todo planeado. Las partituras estaban en el lugar apropiado. Muchas veces, la improvisación jugaba un papel muy importante en el éxito de la pieza; aquel no era el día. El mínimo detalle fue puesto en duda y las probabilidades de que algo fuera de control ocurriera eran nulas. La felicidad inundaba el rostro de la bella dama. Las cejas depiladas cubrían sus pestañas coloreadas de un abanico de tonalidades que se extendían como las células. La boca, cuyo contorno quedó definido por una barra de labios la misma mañana mostraba el esplendor en estado puro. La combinación de colores de las ropas con las que vestía otorgaban a la chica un glamour insuperable por la mejor actriz de la gran pantalla.
El estucado de las paredes descubría una escala de valores con una jerarquía muy clara: todos formaban parte del mismo equipo y todos quisieron llegar a ser de igual estatus.
- Si quieres estatus, tendrás que ganártelo - repetía autómatamente la chica de negro sentada más a la derecha.
Rociaron la sala con un perfume de pulpa de melocotón. La frescura inundaba el ambiente y el viento que corría por él, se topaba con las reafirmadas personalidades que acudirían esa noche. Monsieur Martinne, Madamme RocaLaFosse, Mademoiselle LePard y demás se apuraban en finalizar sus cambios estéticos lo antes posible. Querían tenerlo listo para la noche y cumplieron a medias su pacto con el espejo. Se divertía ojeando la última revista de cotilleos que hablaba de ellos, comentando la postura en la que aparecían fotografiados o, simplemente, autorecordándose lo privilegiados que eran.
- Así se hace - gritó la chica de rojo. Ésta se situó al costado de la sala, queriendo visualizar en primer plano el trasero de controlador de sonido.
- ¿Acaso no es perfecto para mí? - repetía incesablemente acompañando los elogios con molestos codazos a la amiga.
- Te quieres callar, en nada empieza la ópera! - replicó la amiga de la chica de rojo.
El anonimato era imprescindible para ellos. Nadie podía percatarse a la mañana siguiente del homicidio comercial al que estaban acudiendo nuestros personajes tan famosos, que llegaban a influir en la vida de los amados ciudadanos de Beanur.
Cualquier intento de libertad podría costarles la pérdida de su caché o sus millonarios contratos publicitarios. De fondo, el contrabajo continuaba ofreciendo a los impuntuales espectadores una pequeña degustación de lo que iban a ver aquella noche.
Tiempo para reflexionar entre espera y espera hizo de Marie algo poco ético. La mujer se echó a llorar cuando el director de la orquestra no llegó a tiempo al pase de las 22h. Una mano desafortunada que se le fue al cuello sin pensar. El estrés de la situación le hizo perder los estribos. Ya nada importaba, todo lo que le importaba, tenía y podía esperar se había esfumado como por arte de magia.
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Todo O Nada

Estaba aburrido, cansado de tanto caminar y caminar para nada. Todos los caminos llevan a ninguna parte y me invadía el sosiego en aquella tarde de agosto. Apenas llevaba 2 horas solo y ya sufría por mis adentros. Apenas había comenzado a pensar que mi cabeza daba vueltas desesperadamente. Apenas dos minutos para vivir o morir. Decisiones que repentinamente cambiarían el rumbo de mis dos dias de vida. Uno para nacer y otro para morir era todo lo que tenía. Gracias a mi gata, Lucía, dos horas las pasé contento, pero las ocho restantes no fueron más que sufrimiento y desesperanza. Esbozos desdibujados de éxitos pasados, que nos hicieron fuertes, pero que hicieron que nos confiáramos en una barco de papel, de los que caen bien rápido.
Una caída inmensa sucumbió en el más horroroso de los silencios. Todo había acabado, pero no lo podía percibir, por lo que pudo ser el principio de algo alucinante.
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