¿Quién, Dónde, Cuándo y Por Qué?

Aquellos coros ponían los pelos de punta. La misma frase se repetía cada año cuando Fátima alzaba la cabeza para contemplar tan grande hazaña del ser humano. Era una gruta cavada en la piedra. Una cantera con siglos de historia, con órdenes religiosas y con aliento a viejo en cada chillido del portón de madera que aguardaba en la entrada. Llegamos dados de la mano, preguntándonos que le había pasado por la cabeza a nuestra improvisada guía el día en que corrió hacía su pueblo «¡He descubierto algo, debéis venir, rápido!»
La primera impresión, el miedo, nos recorría el cuerpo. ¿Por qué? Creí perderte un momento [...] hasta que vi que estabas tras una piedra. Yo sabía qué buscaba; tú me acompañabas por amor. Nunca cuatro letras habían hecho desplazarse tanto a alguien. Incluso nos inventamos el nombre de la mujer china que nos mostraba el camino de la villa hasta las cuevas. Por las noches, en las cabañas destartaladas por el frío nos calentábamos mútuamente. Un festival del morbo. Cuerpo a cuerpo, besos en el cuello, de verdad. Tras los besos y el calentón, la sexualidad tenía prisa por unirnos. Y al despertar por la mañana te notaba muy cerca de mí, me respirabas bien cerquita y te besaba en la mejilla. Día a día crecíamos juntos y moríamos cada noche junto al fuego que calentaba pies. Con el otoño te fuiste y no te lloré.
  • Facebook
  • Twitter
  • Digg
  • Delicious
  • Google Buzz

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada