Cuando el sol se esconde tras los gigantes de hormigón, Terrassa se sume en la más profunda oscuridad. Las farolas desempeñan su papel y favorecen ese clima de pánico a la noche. Vagos y maleantes, antiguos artistas que vagan sin rumbo por los callejones de la ciudad de las chimeneas. Los infelices, ellos, también tienen hueco entre la marabunta de bienaventurados. Sólo era un juego para ti. Un simple y estúpido juego que gritaba por paredes de papel. La cárcel de amor más horrible de mi vida. Entenderte y sufrir, asentir y lamentar. Si tú fueras, si tú fueras alguien externo, ¿te soportaría? Estoy atontado sin culparte y me maltrataste mucho. Y la vanidad ya no poblaba nuestro centro. Era un pobre desgraciado sin camino ni rumbo, desterrado de mis entrañas para, en cien años, no regresar.

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