Todavía recuerdo aquellos primeros escritos que me hacían ganar premios en los inocentes concursos literarios de la EGB. Yo siempre he tenido gran imaginación para historias verosímiles en las que aparecían dragones o princesas. Mas tarde descubrí que la novela histórica era más divertida, aún cuando la poca ignorancia que me quedaba no sabía todavía en que año se mataron los enviados de Dios y los republicanos. En esta línea, la novela histórica en países inventados no era factible. Luego llegó la época dorada de las increíbles historias de Don John Ronald Reuel Tolkien que nos dieron a entender la importancia del amor por las cosas que crecen. Con su obra, intentos fatales de acercarse a dicha temática con caballeros que con su daga mostraban a los campesinos cómo cortar la cabeza del enemigo. Con cada movimiento una lección de maestría y de experiencia bélica.
Luego, imprimí en casa lo que fue mi primer "texto serio", con portadas amarillas y títulos del Word Art. Todavía lo conservo maltrecho en el cajón de las cosas inútiles. Una familia argentina huía de no sé qué conflicto inventado y debían alcanzar EE.UU. Cuán estúpido me parece ahora.
Con posterioridad abrí este blog en un ataque narcisista punto com y publiqué ensayos filosóficos. Cuando un pequeño amor empezó a brillar en el horizonte, la trama argumental del mismo giró bruscamente. Obsesiones y miradas plasmadas en entradas. Cuando un espíritu vanidoso lucha por algo en lo que no cree o en palabras que no defiende, sus metas se vienen abajo y de nada sirve continuar intentándolo, por más que el refranero popular de medio mundo diga lo contrario. Es en estos casos -como en nacer, morir o cambiar de mundo- en los que no tenemos elección y nos resignamos a imaginarnos un poco más felices. Es complicado.
Luego, imprimí en casa lo que fue mi primer "texto serio", con portadas amarillas y títulos del Word Art. Todavía lo conservo maltrecho en el cajón de las cosas inútiles. Una familia argentina huía de no sé qué conflicto inventado y debían alcanzar EE.UU. Cuán estúpido me parece ahora.
Con posterioridad abrí este blog en un ataque narcisista punto com y publiqué ensayos filosóficos. Cuando un pequeño amor empezó a brillar en el horizonte, la trama argumental del mismo giró bruscamente. Obsesiones y miradas plasmadas en entradas. Cuando un espíritu vanidoso lucha por algo en lo que no cree o en palabras que no defiende, sus metas se vienen abajo y de nada sirve continuar intentándolo, por más que el refranero popular de medio mundo diga lo contrario. Es en estos casos -como en nacer, morir o cambiar de mundo- en los que no tenemos elección y nos resignamos a imaginarnos un poco más felices. Es complicado.

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