Había vuelto a la vida desgraciada, sin gana por nada, sin intentar el fracaso. Jewels había vuelto a las andadas, a frecuentar malas compañías y a no llamar por la noche. Le invadía el miedo escénico, el pánico en segundo grado. Ya, tanta rabia, era difícil de contener. Ella era lesbiana y su familia no lo entendía. Gritaba a todos que lo era, pero no abría la boca. Aún cuando Jewels conoció a Caroline, sus deseos de compartir una vida no fueron tan enérgicos como para impulsarla a revelarse. Su primera vez no fue perfecta, ¿existe?. La segunda fue patética. La tercera le recordó a Caroline que no quería estar con una cobarde. En la cuarta vez, Jewels volvió a estar sola, mirando páginas lésbicas para calmar sus pulsiones sexuales.

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