Universos Paralelos

-¿No duermes?
-No puedo. Me carcome la conciencia. ¿Recuerdas aquel cartel rojo que había en la curva de Queensboro Plaza?
-¿Qué cartel? ¿El que había en el metro?
-Sí, el cartel del metro, el de color rojo
-¡Ah! ¿El que anunciaba el curso de detectives?
Sí ese.
-Creo que me vendría bien un cambio de aires, descubrir a la sociedad secretos embarazosos a cambio de grandes cuantías. Tú te crees que la vida es una novela policíaca, ¿o que? Anda vístete que en media hora tienes al autobús de la empresa molestando con la bocina.
En Manhattan la vida iba a otro ritmo. Al alejarme de la Queens nocturna, descubría en la gran manzana un universo paralelo. Mi vida se activava por completo de 8 a 5. Aquella oficina en el trigésimo piso de algún rascacielos del Soho despertaba en mi un deseo increíble de recorrer aquellas calles minuta tras minuto. Acabar en Central Park deseándome amor eterno con alguna mozuela, o recorriendo la 110 mientras los lowrider pasaban a toda velocidad.
Resultaba que aquel bullicio, de noche, se iluminaba: una olla a presión sin vía de escape, que explotaba al alba.
Por las tardes, tras acabar el trabajo, Washington Square era mi pasatiempo favorito. El arco del triunfo que reflejaba el Empire State. Era el banco idóneo para sentirse neoyorkino de verdad, aunque yo fuese de Georgia.
Gracias a que el supermercado libraba aquella tarde, los bollitos de chocolate esperaron. Tras comprobar que tan sólo tres dólares asomaban por la billetera, la dirección de aquel curso de detectives sobresalía por entre los verdes. Cerca de la parada de metro que llegaba a Ditmars, se alzaba la torre gigantesca de cristal. Tres o cuatro plantas de oficinas se encargaban de gestionar aquel nuevo proyecto para jóvenes necesitados de adrenalina burocrática. Algún magnate de los que desayunaban en Tiffany’s subvencionaba aquel curso y decidí acercarme a comprobar.
-Strauss, John Strauss. De Georgia, supongo.
-Exacto, como lo sabe?
-Lo supuse.
-Supuso de que estado provenía y acertó?
-Verá, de los 50 estados, Georgia es tal vez el menos usual. En Nueva York pocos provienen de Georgia. Y, si por cualquier casualidad de la vida me equivoco, probablemente unas risas calmarían el desconcierto, no cree?
-Bueno en todo caso vengo a informarme acerca del curso de detectives. El New York Times alaba su proyecto y quizá, tal y como indican en el anuncio, necesito algo de adrenalina…
-...burocrática, no? Verá, esto es algo muy serio. Nuestros perfiles son demasiado exigentes como para adaptarse a un trabajador de Queens.
-Espere un segundo, ¿como sabe que soy de Queens? Me está empezando a preocupar tanto secretismo. Quiere decirme para que tipo de empresa trabajan ustedes o quién se encarga de este programa?
Verá, señor Strauss, el Gobierno de los Estados Unidos es quien se encarga de dicho proyecto. Ahora le haré entrega de una carta sellada. No puede abrirla hasta llegar a casa, queda claro?
Sí, queda claro.
No pida más explicaciones, todo está ahí dentro. Rogamos no se persone nuevamente por estas inmediaciones. aquí tiene un bono para el parking.
Verá, señor… como se llame. No tengo coche!
(Extendiendo una llave) ¿Está seguro? Plaza 18, piso menos uno. Buenos días
Mi desbarajuste mental me pidió unos segundos para asimilarlo todo y, como era imposible, pues corrí al ascensor. Un Mercedes de los “buenos”, como dice Bogarette, me esperaba perfectamente aparcado. Era tan nuevo… Y el motor rugía taaan bien, que como se trata de una historia de ficción, decidí montarme y llevármelo. Sin remordimientos y sin malas conciencias ni nada, tranquilamente llegué a casa y aparqué, como si lo llevase haciendo desde que tenía uso de razón. Sabía que acostumbrarse a aquello no era lo más adecuado para mi ritmo de vida. De todas maneras, al entrar, Margarette anunció que se marchaba de casa y se llevaba a Julienne, nuestra hija. corrió hacia el coche de su padre, que esperaba calle arriba, con el motor en marcha, para despedirse del mundo. A la noche, los peores diarios anunciaron que un Mercedes de los “malos” había desaparecido entre nieblas y barrancos.
Lloré 5,5 segundos: lo que tardaba en abrir la nevera desde el sofá. Aquella caja de bombones me podría haber denunciado por violación. Aquella caja y sus tres hermanas gemelas.
Hasta aquí el escritor, que de bueno tiene poco, se ha dado cuenta de que esta pequeña historia no tiene “gancho” y que es absurdamente repetitivo continuar con dicha trama. Por tanto, esto acabará así, sin más, con un personaje plano, sin evolución. ¿Encontró el éxito? Quién sabe… Llegó a descubrir los secretos más oscuros de Kennedy… Nadie lo sabe. Tal vez en este rincón literario algún día el polivalente Strauss, de cuyo nombre si te he visto no me acuerdo, aparezca de nuevo con alguna interesante hazaña que no haya sido explicada todavía.
Con un poco de aquí y un poco de allí, nada real en su conjunto, construyo una historia. Con un poco de allí y un poco de aquí, real en mi mente, creo un universo paralelo.
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2 comentarios:

martinjaramillo dijo...

En un futuro no muy lejano sabremos que:
El universo crece.
La energía materia se reproduce.
El tiempo es eterno.
El tiempo y el espacio son distintos.
No existen sino tres dimensiones espaciales.
El espacio es infinito, tridimensional e indeformable.
La energía oscura es la materia prima de la materia visible.
No existe la energía oscura.
El universo se expande aceleradamente porque gira sobre si mismo.
La energía se crea y se recicla.
El fondo cósmico de microondas no es el eco del bigbang sino la energía degradada.
El Universo es mucho más grande de lo que siempre se ha creído.
No habrá ni muertes térmicas ni desgarres.
La velocidad de la luz no es constante ni en el vacio.
Los agujeros negros no son eternos.
Todos los agujeros negros explotan.
Las explosiones de rayos gama son también consecuencia de las explosiones de agujeros negros.
No existen realidades ni universos paralelos.
La realidad existe independientemente del sujeto observador.
Ver artículo completo:
http://www.articuloz.com/ciencia-articulos/teoria-optimista-sobre-el-universo-1044310.html
martinjaramilloperez@gmail.com

martinjaramillo dijo...

El fondo cósmico de microondas no puede ser ni el eco del Big-Bang, ni sus supuestos restos fósiles, por varias razones que se caen de su peso:

1. Cuando se produjo el Big-Bang, según sus defensores, no existía nada, por lo tanto, la onda expansiva o la energía liberada de la gran explosión no pudo haber chocado con nada para que se produjera un supuesto eco o secuencia de ecos que todavía puedan ser detectables en nuestro planeta. El eco son ondas que rebotan en algún obstáculo que encuentran en su camino. La onda expansiva de la gran explosión tuvo que alejarse del sitio donde se produjo, formando una gran esfera en su frente energético en crecimiento explosivo, abriéndose paso entre la nada, y que al no encontrar ningún obstáculo, debe haber seguido creciendo indefinidamente y pasó hace ya miles de millones de años por este sitio, por donde posteriormente se formó nuestro planeta, por lo tanto actualmente, donde está la tierra, es imposible detectarse ningún eco proveniente de la tal explosión.

2. La energía liberada en el Big-Bang, como la de cualquier explosión, debió haber sido emitida de un solo golpe, con una misma intensidad y en un solo instante y no durante un intervalo de tiempo considerable, primero con gran intensidad y luego, después de mucho tiempo continuar una emisión débil, como para que todavía hoy estén llegando sus restos directamente hasta nosotros y se estén detectando como los llamados o los supuestos : “Restos fósiles del Big Bang”. La única posible onda producida por la supuesta explosión ya va supremamente lejos en el tiempo y en el espacio y viaja alejándose de nosotros.

Cómo hoy vamos a poder detectar algo que pasó por aquí cuando nosotros no existíamos.

Amigos del Big-Bang y de la inflación, por qué no se inventan otra “Prueba Reina” más convincente para su teoría.

Ver Artículo completo en :

http://www.monografias.com/trabajos68/nueva-teoria-universo/nueva-teoria-universo2.shtml

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