No Te Lloraré

Tumbado; pienso. Mañana será otro día. Mañana haré lo mismo que cada día, levantarme e ir a desayunar. Puedo morir. Luego cojo el coche y ando Avenida del Vallés abajo, para torcer a la izquierda tras unos pocos semáforos. La luz puede estar roja o puede estar verde. Recojo a mis aborrecidas viajeras y emprendemos un lento camino hacia el ente del conocimiento público, la Universidad. La carretera puede estar colapsada o el tráfico puede fluir con rapidez. Al llegar, cabe la posibilidad de encontrar aparcamiento bajo techo; hay que darse prisa. La misma rutina. Los mismos compañeros. La tranquilidad de que la situación no escape de nuestro control. La mente se tranquiliza, olvida la constante probabilidad de ser liquidados por algún organismo ajeno a nuestra voluntad. Ellos no saben que el LSD atormenta las mentes de los ancianos. Les dieron pastillas para la tos. Se equivocaron y sus parábolas se tornaron hechos consumados. Ahora el amor aparece como un interludio entre la ración diaria de religión y el cargo de conciencia si olvidada la fecha de aniversario. «Sí, cariño, recordé pasear al perro» «Sí, cariño, olvidé decirte "te quiero" el 95% de esta mismísima tarde»
Como una obligación expresa de no quedar mal con la persona, mentimos a la cara. Gemimos si hace falta. Ensalzamos sus ordinarias habilidades y nos enfadamos si nos embaucan con otra jovencita presuntamente más guapa, más alta, más bella... ¡más!
Mañana será otro día. Y tal vez ya me cansé de creer que será junto a ti, siendo (tú) lo más hermético de este mundo. Además, el status debe perdurar inmaculado hasta el día en que mueras, cuando iré a llorarte y a maldecirme por obligarme a no quererte. Desgreñando este texto soy feliz. Tal vez mañana muera, pero lo haré sin conciencia, ya que para ser cristiano y creer que matar está mal y no poder dormir con ello, creeré que matar es algo que la sociedad ha prohibido para rehuir de la posible hecatombe de los sapiens sapiens. Tanto vituperio con los religiosos me recuerda que hay que respetar la opinión de los demás, no compartirla. Y que mi cabeza está iniciando un proceso de inmersión paranoico-esquizofrénica que me conducirá a un semáforo con la luz roja. Porque todo, TODO, se escapa de nuestro dominio. Ni siquiera podemos decidir si habrá cola mañana en la C-58 o no. Saludos cordiales de un inculto, ignorante, cateto, torpe, zopenco, mentecato y majadero que por no dormir, escribe. ¡Y de qué manera! (Fatal).
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