Recuerdo aquel verano del '71 como el verano en que Fifth Dimension sonaba por todas las radios del país. "Aquarius" nos acompañaba en cada kilómetro y las emisoras la pinchaban una y otra vez. El viejo chevrolet parecía ir más rápido a medida que avanzaba la melodía. La gran melena rubia sobresalía rozando la carrocería. Por aquel entonces, Pete, que se enojaba fácilmente era el hombre de mi vida. En él, mis esperanzas permanecían aferradas como mi equipaje en su coche. No importaba que al día siguiente no le quisiera. De hecho, a él le daba igual. Tan sólo deseaba tenerme a su lado día tras día. Un perro fiel alimentado por amor barato pero sincero. Probablemente, empinando aquellas cuestas de Berkeley aquello era lo único que nos quedaba, la sinceridad. Cuatro ropas desgastadas y rotas nos tapaban la verguenza y besos no faltaron aquellos días de calor. California, amor, California. ¿Qué has visto y verás? Una pareja de enamorados sin rumbo pero con ganas de dejarse llevar por el paso del tiempo. Sin expectativas, sin rutina, sin amor insincero. Apenas acercarte, "Aquarius" empezaba... Apenas irte, terminaba "Let The Sunshine In". ¿Lo dejamos entrar? Y el sol, que nos lleve. Y el reflejo en la arena, tíbia de tanto acariciarla dibujando nuestras iniciales entre corazones. Y ya suena el "Wedding Bell Blues" y nos casamos... Y morimos rápido... Y a soñar... Y puntos suspensivos.

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