Parpadeando

Ayer fue rápido, para que engañarnos. En nueve vueltas de campana ya habías muerto. Nueve vueltas que se saldaron 18 años. ¡Se supone que en año nuevo se empiezan a cumplir los deseos! ¿Deseé tu muerte o que te abrocharas el cinturón?
Pero tú controlas, que si tenemos un accidente, antes de estamparte contra el parabrisas y destrozarte, ya si eso pones la mano en el salpicadero y lo evitas. ¡Claro que sí!
Y yo ahora con las manos agarrotadas al volante y la música en marcha, que el coche no ha quedado volcado.
Y mi mente no quiere, pero el corazón me pide que me gire por última vez a verte, descuartizado por los hierros del coche. Mis manos llenas de sangre, mezclada con la amargura de las lágrimas que me recuerdan que te has id.
Acompañantes y conductor medianamente ilesos.
El copiloto desabrochado de la vida en un acto de rebeldía inútil contra las leyes de la física.
Y la bolsita de plástico que sin su amigo cinturón no ayuda. Y todos los chivatos parpadeando y la bocina en marcha, molestando al silencio de la noche y un ¿estáis bien?
Y tres respuestas, pero me faltaba la que me hace despertar día tras día, la tuya.
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