Llévesela, Señor Murdock

Un sala de máquinas, cualquier espacio que provoque claustrofobia, en realidad. Espejos y más espejos, delirios de grandeza. La sociedad llorando al gran buque. Cientos de almas en él, cientos de personas, con cara y vida. Cada una de ellas, una historia y, en sus adentros, emociones que luchan por alcanzar su meta.
Los coros invitan a subir al barco. Todos en cubierta agitando pañuelos, despidiéndose, involuntariamente, para siempre.
Historias de amor, símbolo de modernidad, la evolución de la máquina de vapor hasta límites insospechados. Navegando por las olas, rompiendo la sal, dando conversación a los cetáceos.
Aumente la marcha, disminuya, a babor, a estribor... Silbatos... llévesela al mar, señor Murdock. Corra para salvar a la dama inocente. Violines y acordeones para una fiesta de despedida.
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