23/04/2009

Poinciana

Hoy te he notado en el aire. He abierto la ventana, en el alba, desde aquella casita blanca que custodia la cala. Una playa tranquila, como tus ojos y una arena suave, como tu piel. Una brisa matinal que recorre mis hombros: giro la cara para buscarte. ¡Pobre de mí! ¿No estarás en mi ilusión?
Cerré la ventana para no escuchar más ese susurro que tímidamente me pide que me arroje al vacío para reunirme contigo.
De lejos, la costa se impone arrastrando la sal a la orilla. Por la noche, con más fuerza, desea, más que nunca, alcanzarme y llevarme contigo. Grito, como jamás lo había hecho, pero el violín no se detiene. Sigue enfilando esas notas mortales para mi corazón y te recuerdo vanamente.
Entonces corro como un poseso y me lanzo por el precipicio. Nunca acaba, nunca llega el "¡Plaf!" final. Nunca.
Poinciana, dime que tu sol espanta las hienas del olvido. Ponciana dime que al alba del quinto día estarás de pie esperando mi llegada y nada te demorará. Dime también que no es amor, es obsesión lo que me acabará matando.

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