29/03/2009

Locura

Fría, calculadora, sola. Toda una mujer en el barrio, toda una don nadie en su vida. Destructora, enemiga de sus amigos y poseedora de la verdad? No.
Treinta y dos años y rubia. Rubia y ojos azules: físico perfecto.
Ignorantes, no piensan, sólo físico, deseo, penetración. Una rubia tonta ojos azules y penetración.
Ella cansada, aborrecida. Estudia que estudia, cinco horas al día. Afán de superación y de cultura. Madrid, París, Londres, conocimiento en el papel. Papel quemado; escuela de la vida.
Barrer, fregar, limpieza general, tareas machistas y una nota en la nevera.
En casa, malos. Sus hijos, enfermos, en casa, sin ir a la escuela. Lágrimas de impotencia... Días perdidos de sueldo. Una mujer perfecta, con un triste pasado. Calles y calles... montones de basura. Mujer con gafas, en la pila de basura, mamá. Que vuelvas a casa hija, deja de rebuscar, que no madre, hay que buscarse el futuro. De nuevo lágrimas, versiones pop de la realidad, algo condimentado con la alegría de vivir. Tristeza, pensamientos oblicuos, maneras de ver el mundo. Que hay gente que lo está pasando peor, hija, que me da igual, portazo. Adolescente dificil, adulta perdida, héroe de la calle, famoso oculto. Estúpidos se amontonan en las colas de las televisiones para contar historias insulsas, hazañas de niños ricos...
Ella no, ella tenía historia. Tenía historia y muchas ganas de olvidar. Acomodada, en un pisito, con un hombre feo pero que la mantenía. La sopa boba chillaba por la mañana y por la tarde se iba. Por la tarde a dar cursillos de como abrir cerraduras; alumnos afortunados de contar con sus experiencias, toda un personaje.
Cerró el libro de la vida el 29 de octubre... No quiero ver nada más! Cayó en un bucle infinito de solipcismo y melancolía. Su manera de sentir... la busco y no la encuentro... la alegría de vivir.
Ahora todo está determinado. Lucía, no llores y olvida a ese pedante, que no madre, era un buen hombre. Conversaciones permanentes con su madre muerta. Una mente dividida, curiosa, a su vez. Bases de datos y corrían cifras arriba y abajo, letras sin orden, la clave de sus problemas «que sigan rodando».
El pianillo en calma, notas agudas, un sintetizador hace los coros. La vida en clave de sol y todo que acaba, porque era su voluntad. Un tesón digno de criticar y de admirar en voz baja. Nada creída ni prepotente, corrió hacia la alambrada llena de espinos: no se sentía segura en ninguna parte, ¿qué le quedaba ya?

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