Yo solía arroparme en el silencio de la oscura noche, con la ventana abierta pero con la estufa encendida irradiando calor hasta altas horas de la madrugada. Mientras el parpadeo constante del televisor se reflejaba en mi cara en un círculo ficticio de convulsión y epilepsia, pensaba en los mendigos, bohemios y desgraciados que habitaban las calles por la noche y vagaban durante largas horas sin rumbo. Pasaban frío y yo no y eso me hacía sentir extremadamente feliz.
Una de aquellas noches decidí enfundarme mi abrigo de pieles cuidadosamente seleccionadas y navegar tranquilamente por los bulevares hasta bien entrada la noche. De repente, en una intersección cercana un hombre que circulaba apresuradamente y medio de pié en los pedales, frenó en seco y la bicicleta clavó las ruedas en la calzada. El joven muchacho, con ambos brazos sosteniendo el manillar del ciclo, permanecía quieto, sereno y esperando algún tipo de efecto que desconocía por completo. Así como había frenado apenas dos minutos antes, ahora arrancaba a correr alejándose de la intersección dónde se había producido la escena y, inexplicablemente, había empujado a su suerte a la bicicleta, estrellándose ésta contra una batería de coches mal aparcados.
De repente, el sector más alejado del patio principal de butacas del teatro Reina Corencia se unía al efusivo aplauso iniciado por los espectadores de la primera fila. Emocionados, la fusión de lágrimas y expectación otorgaban al espacio una emotiva atmósfera de familiaridad aparente, pues nadie se conocía allí.
Los moribundos se sublevaban. De uno en uno invadían el escenario, acercándose a Forbes. Raudo como una tortuga, sus pies dejaron de responderle en el instante en que pronunció la palabra "escoria".
- Qué emoción, Johann - profirió la recién casada - quiero que me traigas más al teatro.
- Cariño, las entradas de platea se cotizan en alta, pero esta obra merece una atención especial. El personaje central, Forbes, simboliza el sosiego del humano estúpido.
- Sin duda, increíble.
Sin mediar palabra, la mujer cerró el bolso, sumiendo en la oscuridad los elementos inanimados que asomaban por el cuero descosido.
Raymond Froggatt nombra a JEFF y a BEV
Hace 2 horas
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