Sherlock Holmes De Carne y Hueso

Te contorneabas al ritmo de aquella cálida balada sesentera. Aquel vestido de seda que todo lo transparentaba me provocó la necesidad primordial de tocarte.
Acerqué la mano hacia el botón que sujetaba aquellas ropas y el tiempo se aceleró; todo empezó a ocurrir muy deprisa.
En 13 días, me encontraba con las manos apoyadas en los barrotes y la cabeza en el centro de ese triángulo de frustración.
Toda mi vida reducida a una vigilancia constante y a una constitución total que cada vez me resultaba más agradable y familiar.
Durante mi estancia en Southgate tuve un par de encontronazos con algún que otro matón de poca monta. Chicos con falta de cariño y de actividad sexual que paliaban su necesidad con los desafortunados compañeros de celda.
Los celadores, al principio, me trataban con una violencia extrema. En aquella región del estado de Montana no había más que arena y más arena. Polvo de piedras de mala calidad que me entraban por el agujero de la zapatilla cada vez que jugaba a baloncesto en el patio colectivo.
Polvo de vidas anteriores interrumpidas por la llamada de la justicia.
Asesinos, violadores, extorsionadores, traficantes... se daban lugar en aquel centro penitenciario.
Unos más culpables que otros pero con un denominador común: todos habían roto su contrato con la sociedad., habían decidido no seguir las pautas comunes para garantizar la seguridad y el correcto desarrollo de la población.
¿Sumisión o necesidad? sea cual fuere la respuesta, cualquira abogado se escandalizaría ante la oportunidad de vivir sin ley.
La anarquía puede no ser viable en sociedades donde Sherlock Holmes fue un personaje de carne y hueso, pero si hacemos un "what about", una introspección en los países más desarrollados culturalmente, ¿por qué no iba a funcionar?
Estas y otras reflexiones me invadían a eso de las 11 de la noche, cuando se apagaban las luces de todo el pabellón 3 de Southgate. Algunos insensatos desafiaban la paciencia de los guardas silbando o golpeando los barrotes, pero pronto desistían en el intento de llamar la atención.
Recogí todos mis extractos filosóficos en papel higiénico, que guardé cuidadosamente, fuera del alcance de las revisiones sorpresa.
Increíblemente no me fueron requisados, a pesar de mostrar signos de revisión y manipulación.
En apenas 630 millones de segundos me encontraba de pie, ante la puerta principal de la prisión, recordando todos los momentos vividos allí. Todo por un exceso, una denuncia, violencia gratuita.
No me había arrepentido, pero lo sentía: estaba curado.
  • Facebook
  • Twitter
  • Digg
  • Delicious
  • Google Buzz

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada