11/02/2009

A Propósito De Barry

Se levantó de la silla con pinchazos en la bufeta urinaria y demasiado tiempo sentado ante la pantalla olvidando una necesidad fisiológica tan básica. Mientras los Bee Gees inundaban el loft con sus voces angelicales, Barry se dirigió, contorneando el cuerpo al ritmo de la música, hacia la única habitación con paredes en toda la casa.
Al mismo tiempo que se bajaba la cremallera del pantalón, los huesos de la parte superior de la espalda le crujieron al realizar un movimiento circular con los hombros, sacando pecho.
El chorro del líquido amarillento expulsado por el aparato excretor; caliente, abundante y caudaloso, trasladó a Barry al paraíso. Uno de esos placeres indescriptibles que contenemos y censuramos en público pero que disfrutamos en la intimidad.
Mientras el líquido fluía, Barry centró la mirada en el agua del retrete, que obviamente salpicava gotas de tan desagradable actividad.
A sus espaldas, el contínuo goteo de un grifo mal ajustado le hizo surgir un pensamiento que le sumió en la más profunda duda. Tras pensar tres segundos, llegó a la conclusión de que antes de postular, mejor subirse lo pantalones, no vaya a ser que nos pillen desprevenidos por detrás y nos den.

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