Nada Que Lamentar

Hoy no hay nada que lamentar. Un día completamente normal. Salió el sol y se volvió a poner. Ese haz de esperanza inundó la cabeza de pájaros, que echaron a volar tan pronto toparon con la cruda realidad. Su padre había muerto el día anterior. Vaya inocentada, pero que más da! Él era viejo, tonto, inútil, inerte y sólo daba molestias. Mejor que desapareciera. Mejor para todos que dejara de existir. Ahora todos se alegran por su pérdida y alaban su cuerpo como una estela del triunfo que llegó a acaparar en vida. Triunfo extinguido por necesidad. Demasiada atención y riqueza para una persona tan débil.
- Mejor así! - exclamaron los presentes en el funeral, al unísono y levantando una gran vela blanca apagada, por supuesto.
Todo había acabado. Todos marcharan cabizbajos y en sorprendente procesión.
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La Llaga Más Profunda

Enfilaba la colina que me llevaba a Hollywood, las letras que custodian la parte norte de Los Ángeles llevaban media hora esperándome. Me apresuré, no quería parecer un mal anfitrión. En llegar, nos dimos de la mano y nos fuimos de Hollywood, no había nada nuevo en mi vida hoy, tan sólo deseaba llegar lejos, cuan me permitieran mis energías y mis piernas. No nos alejamos mucho del núcleo urbano, apenas pasamos Pasadena que ya estábamos yacidos en el césped que bordea una carretera. Con el pulgar levantado, queriendo ir a todos sitios sin querer ir a ninguno en especial. Apenas H levantó la mano, el coche se paró. Apenas O le sugirió al amable condutor que nos llevaba que subiera el volumen de la radio, lo hizo. Apenas L y su hermana gemela L preguntaron con educación si podía cambiar de emisora, el conductor aceptó sin dudarlo. Apenas Y quiso parar para defecar, el conductor estacionó provisionalmente en el arcén. Apenas W quiso parar en una estación de servicio a comprar algo, también paró. Cuando las hermanas O murmuraron en voz baja acercarse a la Presa Hover, allí estaba el conductor a las 3 horas y cuando W sugirió que se suicidara, lo hizo. Al llegar yo, mi influencia en el curso de decisiones de la noche era tan minúsculo, que acepté a regañadientes que no tenía ningún tipo de influencia en nada. Lamentablemente esto se sucedía día tras día y lamentablemente, me era exógeno. Mis mejores amigas, hollywood, me tiraron del coche y mi cuerpo patinó inerte por la desgastada calzada, por la que solían pasar interminables convoys de mercancías. ¿Estaba muerto o me habían matado? En realidad es lo mismo, pero que podía hacer yo si me obligavan a declararme como suicidado. Realmente agobiante, pero emocionante...
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Sín Título

¿Acaso sería merecedor de un título cualquier relato que no tuviera cabida en la sociedad, que fuera incocebible, idílico, útopico o con deseos de cambio? Quién sabe...
Todos queremos hundir el capitalismo, hay veces en las que nos sentimos asquerosamente humanos, que mudamos la retina y reenfocamos la realidad hacia otra que nos hace sentir más realizados. Lástima que estos cambios se produzcan de manera efímera, que no sean permanentes. La permanencia es la clave del éxito, junto con el afán de superación. Si queremos, lo tenemos y si lo tenemos no lo queremos. Tal vez, esta fórmula sintetizadora del capitalismo-consumismo haya sido la lacra de medio mundo durante generaciones. Gente que entierra los sueños por la ambición de tener cada vez más, aunque se derive improductividad. La abuela se sienta a reflexionar y piensa: tenemos dinero, gastémoslo en comida, sí sí, en comida. Hace treinta años, nos estábamos mueriendo de hambre. A comer!
El cuarentón piensa: Bueno, tenemos entonces ahorramos, una proposición lógica que parece estúpida, pero que se vincula con la estabilidad y el afán de superación. Si ahorro, podré comprar más cosas para ganar más! Lógica imperativa, señores!
El niño piensa: mmmm, dinero! entonces chuches y cromos...
La jerarquía de la escala de valores se accentúa dependiendo de la comunidad elegida para el estudio de costumbres, consumo y economía. Dejemos de consumir con el bolsillo y consumamos con la cabeza, no? Al fin y al cabo, el tener es relativo y lo emocional también. Parece una proposición! ¿Somos relativos?
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Incertidumbre Pasajera

No conseguía encontrarme la mano para encender la luz. De fondo, la guitarra de algún compositor ochentero rasgaba el ambiente de silencio sepulcral. Decidí, entonces, no precipitarme, recostarme en el suelo y pensar una solución lógica y evidente. Este año, Santa Claus se olvidó de mí! Menuda vergüenza pasé cuando mi madre asomó la cabeza por la puerta de mi habitación preguntando si el voluminoso personaje rojizo se había acordado de mi. Nada! Fue entonces cuando mi madre me invitó a fijarme en el escritorio. Tenía razón, había una carta. Dentro no había nada, estaba vacía: había entendido el significado de la Navidad? Tal vez.
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Bum! Muerte

¿Qué motivo conduce a alguien a matar a otra persona? Injusticia, envidia, venganza o necesidad económica podrían plantearse como respuestas al citado interrogante. Posiblemente, ninguna de ellas condució a Magdalena a cometer aquel fatídico crimen del 30 de diciembre. Cría haber llevado a cabo el crimen perfecto, aquel que no deja huella, aquel que mitifica al cometedor de la falta. No fue así. Ella continúo en el más abismal de los anonimatos, pero con todo, había cometido el crimen perfecto: el que no deja huella.
Conocía perfectamente todas las acciones rutinarias. Interacciones programadas por la sociedad con las que Magdalena estaba en pleno contacto. Todo planeado, todo tenía que marchar según lo previsto y, como esperaréis, nos ahorraremos la típica frase "pero no todo marchó según lo previsto". Todo marchó según lo previsto, no hubo ningún problema.
A las 8 de la noche, Don Shito, apresuróse a salir por la puerta de la oficina, rumbo al custodiado vehiculo, una mezcla de turismo con motocicleta. Abrió la puerta y saltó por los aires con tal vivacidad que alguien de la calle se preguntó: ¿Que ha sido eso?. Una cuadrilla mixta de bomberos-policía-ambulancias, aunque estas últimas eran poco útiles ya, se dirigían apresuradamente a la escena del homicidio. Una vez llegaron, todo estaba destruido y el rostro del popular magnate permanecía calcinado. Sorprendentemente, de las facciones de la cara del fiambre se deducía que antes de morir había contemplado algo que le dejó atónito. Emociones arrebatadas por la muerte que se presentaron en el último minuto de vida. El misterio no fue resulto jamás, pero ahora todos saben, gracias a una grabación borrosa, que antes de morir, Don Shito, había estado hablando unos instantes con Magdalena. Alucinante! Se había suicidado con él! ¿Amor? ¿Venganza?. Ni le quería, ni le quiere, ni le querrá. Lo único cierto es que todavía siguen vivos por alguna parte, vagando, buscando un horizonte que alzanzar y buscando una religión a la que ampararse... No tuvieron suerte, como todos.
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Sociedad Prehistórica

Que Daisy es preciosa, nadie se lo niega. Que el lazo que envuelve su cabello es precioso, nadie se lo niega. Que es gorda y fea, nadie se lo afirma, pero todos lo piensan. Aparece esa solidaridad vinculada a las relaciones. Ese alabado "pobrecita" que enternece a los que rodean a la víctima de las mofas y les hace sentir compasivos hacia el objetivo.
Una manifestación de la desigualdad que nos conduce a una sociedad prehistórica aunque, tal vez, verdadera.
La igualdad fue creada por gente igual o por gente cuyos rasgos diferenciales no se interpretaban como peyorativos? O al menos para ellos...
Somos diferentes y desiguales. Aparte de esa ilustración que aboga por delimitar la separación entre lo diverso y lo negativo, es lógico que no tenemos el mismo color de piel...
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Oh! Cuánto Cuento!

Un cuento de navidad para todos y todas. Deseaban plasmar sus deseos. El refrán "las palabritas se las lleva el viento" estaba muy presentes en sus mentes. Llegaron extasiados, cansados, abrumados por la abundante nieve y decidieron pasar la tarde en familia y a cubierto. ¡Qué alegría! Ya era navidad.
Y regalos, y caras falsas, y sonrisas cómplices, y puntapiés bajo la mesa y la abuela complacida psicológicamente al ver a todos sus hijos y nietos reunidos en tan mágicas vísperas.
En aquel pueblo era imposible! No había ni dinero ni tiendas. No había Papá Noel ni reyes, no había cuento.
En África tampoco había cuento y a Josh no le entraba en la cabeza cómo alguien no podía tener cuento.
Ni dinero, ni tiendas, ni ilusión ni excedente. Esclavitud, sumisión, pobreza y supervivencia eran las figuras de la baraja que el codicioso croupier se encargaba de moldear a su deseo.
- Bagh! - pensó - No les dejamos ni comer! Mucho menos que llegue Papá Noel.
Tras un largo viaje y una ambición de conocimiento, descubrió que sólo tenían cuento unos pocos agraciados por el degradante y deshumanizante sistema: el capitalismo.
Once letras unidas maquiavélicamente para destruir el mundo.
Josh, de cualquier modo, era feliz. El tenía mucho cuento y antes de abir la boca para pedir, lo tenía. Era la Sociedad de la Inmediatez.
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Más Que Una Mujer

Era sábado. Con las manos pringosas de plástico derretido enderezaba su flequillo que descansaba en la frente tras la larga jornada de trabajo en el garaje. La gomina le endurecía el cabello y le aseguraba una velada sesentera. En 5 minutos le recogerían en la esquina con Almont St. dirección a la ìsta de baile. Dos parejas con dos objetivos. Pasarlo bien y bailar, bailar hasta la saciedad. Enfundados en los apretados trajes blancos y con corbata de rallas el cansancio no era problema para fundirse con la música hasta que el sol volviera a iluminar Los Ángeles a la mañana siguiente. Todos estaban extasiados y las pocas parejas que quedaban se besaban apasionadamente...
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¿Jingle Bells?

Aquella mañana fue diferente. La repetitiva normalidad con la que se sucedían los días, semanas y meses varió por completo. Como un director que abandona su orquestra, la rutina se arrinconó y decidió no acompañarme durante la jornada.
Cabrado con el mundo como de costumbre, enfilé la avenida con los walkmans a todo volumen. Estoy seguro de que los vecinos más madrugadores pudieron oír aquel chirrido distorsionado que emitían los auriculares, aunque la banda sonora de la calle a aquellas horas eran los pitidos de lo impacientes conductores que le echaban una carrera al semáforo.
Interminables ensayos de superación que concluían con un fracaso lamentable.
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Rotundamente

Tenía la boca cosida. La sociedad se había cansado de sus discursos condicionales, de sus mentiras, de sus hazañas heroicas que acababan en tragedia, de sus escusas de hombre arrepentido. Ya nada tenía sentido. Ni hablar, ni discutir encontraban la pragmática en su mundo, pero luchaban por hacerse un hueco en el sentido común. Esa necesidad de expresión colapsada por la impotencia.
Una hilera de bocas desfilaba al unísono por su cabeza, le coaccionaban para que hablara, pero su pacto era demasiado crítico y estricto como para pronunciar palabra. Sus amigos no le apoyaron, lo dejaron inerte ante la incongruencia del destino que, al azotarle implacablemente, le hizo perder la categoría de persona.
Inmerso en un mar de dudas, quiso volar. Las artes le solucionaron parte de sus dudas existenciales.
Dejó a su imaginación aparcada y se adentró en el mecanismo planificado e intringulo de la sociedad.
Conoció a grandes personas, organismos, institicuones; inútil: no conseguía encontrar su hueco para expresarse.
Se acercaba el destape al fin! Las tijeras que le cortarían el hilo que mantenía reprimido su micrófono moral eran de sobras conocidas.
- Libertad de expresión! un cero - gritó el profesor apoyando la patilla de sus gafas en el labio.
Rotundamente suspendió
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Negocios De Ultratumba

El aire empujaba su flequillo a elevarse más y más. Atardecía y comenzaba a haber ambiente en las calles de Miami. Tomó una curva a 180 km/h y cruzó el malecón en dirección a su casa. Se sentía contento. Aquella tarde le había ofrecido a las olas el lujo de verse cortadas por el casco del navío y la espuma dejaba una estela única entre bote y bote.
Su popularidad espetó un cambio magistral el 10 de febrero de aquel año: vendió su alma.
No al diablo, ni a una anciana alquimista descerebrada. Fue más fácil: vendió su alma a una rata. A una rata de Alsmont St. Una rata grisácea con tonos marcados de color negro. Una rata común, pero diferente. A cambio le exigió un pedazo de queso que ésta le cedió encantada.
- Que maravilla que todo sea tan fácil! - exclamó
- Por qué no iba a serlo? sólo me vendiste tu alma - respondió ella
- Y tú la aceptaste. ¿Por qué lo hiciste?
- Necesitaba hacerlo, ya no era persona
- ¿Por qué?
- Por primera vez en mi vida tuva que hacer lo que los demás querían que hiciera. Ser lo que querían, aceptar un rol que esclavitizaba. No lo soporté y dije adiós.
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