Publicado por
Abel Carreto Sánchez
¿Qué motivo conduce a alguien a matar a otra persona? Injusticia, envidia, venganza o necesidad económica podrían plantearse como respuestas al citado interrogante. Posiblemente, ninguna de ellas condució a Magdalena a cometer aquel fatídico crimen del 30 de diciembre. Cría haber llevado a cabo el crimen perfecto, aquel que no deja huella, aquel que mitifica al cometedor de la falta. No fue así. Ella continúo en el más abismal de los anonimatos, pero con todo, había cometido el crimen perfecto: el que no deja huella.
Conocía perfectamente todas las acciones rutinarias. Interacciones programadas por la sociedad con las que Magdalena estaba en pleno contacto. Todo planeado, todo tenía que marchar según lo previsto y, como esperaréis, nos ahorraremos la típica frase "pero no todo marchó según lo previsto". Todo marchó según lo previsto, no hubo ningún problema.
A las 8 de la noche, Don Shito, apresuróse a salir por la puerta de la oficina, rumbo al custodiado vehiculo, una mezcla de turismo con motocicleta. Abrió la puerta y saltó por los aires con tal vivacidad que alguien de la calle se preguntó: ¿Que ha sido eso?. Una cuadrilla mixta de bomberos-policía-ambulancias, aunque estas últimas eran poco útiles ya, se dirigían apresuradamente a la escena del homicidio. Una vez llegaron, todo estaba destruido y el rostro del popular magnate permanecía calcinado. Sorprendentemente, de las facciones de la cara del fiambre se deducía que antes de morir había contemplado algo que le dejó atónito. Emociones arrebatadas por la muerte que se presentaron en el último minuto de vida. El misterio no fue resulto jamás, pero ahora todos saben, gracias a una grabación borrosa, que antes de morir, Don Shito, había estado hablando unos instantes con Magdalena. Alucinante! Se había suicidado con él! ¿Amor? ¿Venganza?. Ni le quería, ni le quiere, ni le querrá. Lo único cierto es que todavía siguen vivos por alguna parte, vagando, buscando un horizonte que alzanzar y buscando una religión a la que ampararse... No tuvieron suerte, como todos.