Este debe de ser el sitio, seguramente sí. Dejaré las maletas algo apartadas del pasillo para no molestar a la gente que minuto tras minuto va entrando. ¿El cómo llegué aquí? Muy sencillo. Fueron aproximadamente 0,002 segundos los que me hicieron pasar del estado carnal al espiritual. Ahora estoy muerto. Sí. Saben, dicen que segundos antes de morir, tras un largo período de espera y de preparación para acabar la etapa vital, aparecen una serie de imágenes. Un carrousel que te hace recordar todos los momentos, todas las personas, todos los olores y todos los sabores. Cuando la muerte se te abalanza repentinamente por la espalda y te clava la puñalada, cuando es imposible evitarlo, cuando es una muerte súbita, una parada cardíaca o algo parecido, entonces eso no ocurre. Entreabres las pupilas y te encuentras en un lugar blanco, sano, seguro, vivo, limpio, iluminado... Perfecto. Sí, estimados seres carnales, perfecto. El único inconveniente es que las personas queridas no están aquí, contigo. Seguramente estén llorando a una caja de madera y cagándose en todo ser espiritual a la vez que rezándole para que guarde la alma de su ser querido. Una especie de ambiguedad inestable, una sensación de aproximación a lo místico. Algo doloroso pero único. ¿El porqué morí?. Bueno fue hace algunos días. Estaba en un avión, despegando, cuando de golpe, noté que mi cuerpo ardía. Escuché chillidos, lloros de bebés, lamentos mortales, lamentos sordos e inútiles. Notaba vida y muerte. Algún ser extraño rondaba aquel aparato decidiendo a quién le había llegado la hora y a quién no. Lamentablemente, se pudo haber evitado. Seguramente la hora del café, o también es probable que la pereza de los que revisaban la seguridad y los aparatos de vuelo, les evitara hacer su trabajo. Posiblemente fue un descuido. Un error. Los errores cuestan heridos y vidas en muchos casos, en este, más de 150.
