El sol estaba lejano ya cuando, como de costumbre, Johnson salía de casa. Cada noche, se daba una vuelta por Coney y disfrutaba del ambiente solitario que había por la ciudad. Era 1978 y por sus grandes cascos resonaba una melodía pegadiza de Marvin Gaye. El cantante favorito de su padre, ahora era también el suyo. Forbes, como así se llama nuestro protagonista, era de constitución más bien fuerte y sus ojos azules cristalinos le hacían poseer una facción más bien inocente. Eso le ayudaba mucho a la hora aconseguir lo que se proponía.
Una noche, en Coney, más negra que la boca de un túnel, las luces se apagaron. En realidad, hubo un apagón general en Nueva York. Johnson iba andando tranquilamente, cuando el haz de luz que le pasaba por encima de la cabeza y le reflejaba la sombra por delante, se apagó. El baile lumínico que a altas horas provocaba cada vez que pasaba entre farola y farola, cesó.
La calle quedó a oscuras, mucho más que de costumbre. La gente ya dormía. Un furgón negro se avanzó al camino de Forbes y le bloqueó el paso. De él, aparecieron cuatro hombre gigantes que le rodearon. No ocurrió lo de costumbre. Nadie secuestro nadie, no hubo ningún herido, ningún acto involuntario. Johnson permanecía tranquilo. Había pasado por muchas como para preocuparse ahora. Los encapuchados, abrieron un lienzo sin mediar palabra y se lo colocaron a Forbes Johnson en la cara. Ahora podía leer perfectamente las siguientes palabras:
"Sentado en mi jaula de tortura, llega la hora de encontrarle sentido a mi pesadilla. Las sombras bailan en mi cabeza sin acertar el camino. Se rozan, pero nunca se relacionan. Es un cóctel explosivo del sin sentido. Una conspiración para evitar que entre en razón. Un complot moral de lo inanimado que me provoca una sensación de inconformismo eterno"
Continuará...
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