Cansado de su vida monótona y repetitiva, ingirió como de costumbre una docena de pastillas. Las anfetaminas le hacían daño, sí, no lo negaba, pero su vicio podía contra su razón y día tras día se repetía la misma situación. No era un hombre que necesitara presentaciones. Todo el mundo le conocía en el lejano Oeste, incluso en el cercano. Su fama y sus intentos de pasar desapercibido le llevaron, en el apogeo de su carrera musical a cometer tal estupidez. Día tras día, tenía la esperanza de que su amante accediera a casarse con él, pero ella deseaba un marido normal, no un hombre que durante 10 años ingería pastillas día sí y día también.
Cuando por fin aconsiguió desengancharse, en una actuación en la que estaban presentes los dos en el escenario, él le pidió matrimonio, ella accedió y juntos emprendieron de nuevo la carrera del country, tocando con grupos como Hank Williams o U2.
Cuando por fin aconsiguió desengancharse, en una actuación en la que estaban presentes los dos en el escenario, él le pidió matrimonio, ella accedió y juntos emprendieron de nuevo la carrera del country, tocando con grupos como Hank Williams o U2.

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